Deme el DIECIOCHO.

Por Patricio Crespo Coello.

Edición 437 – octubre 2018.

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Si tres años de viajar cada semana en buses interprovinciales me han enseñado algo, es esto: el dieciocho es el mejor asien­to que usted puede adquirir. No aconsejo nada en las tres primeras filas, pues en ac­cidentes frontales estas no salen bien libra­das. Así que primero se deben descartar los puestos del uno al doce.

En la parte posterior del vehículo, en cambio, no recomendaría las últimas cua­tro filas. Las tres del fondo porque, cuan­do el impacto viene desde atrás, sucede algo similar, aunque menos traumático que en el choque frontal. Así también, si el autobús cae a un abismo, da una volte­reta, y se impacta, las filas mencionadas sufrirán cruentas consecuencias. Siempre que, sentado en otro puesto que no sea el dieciocho, imagino estos impactos, viene a mi memoria el bandoneón de Piazzolla, contrayéndose y expandiéndose de manera febril, mientras interpretaba Adiós Nonino.

La cuarta fila de atrás no es elegible por una sencilla razón: sigue muy cerca del baño. Quien no identifica la importancia de este último punto o no ha viajado en bu­ses interprovinciales o padece de deficien­cia olfativa. Una de dos. Con esto hemos eliminado los puestos del 34 al veintiuno. Adicionalmente, en caso de incendio, cabe la reflexión acerca de las fracciones de tiempo adicionales que le tomaría a un usuario de las filas posteriores salir del ve­hículo si desea evitar la cremación en vida.

Tampoco deben elegirse los puestos que dan a las ventanas, pues en impactos laterales, contra la montaña por el lado derecho, o contra otros vehículos por el lado izquierdo, o contra el pavimento en volcamientos, dichas ubicaciones pueden salir, digamos, maltrechas. No son des­preciables las consecuencias derivadas de los vidrios que, como afilados proyectiles, pueden incrustarse en los pasajeros que gustan del paisaje. Renuncie a él: no hay remedio. Bajo este rasero hemos eliminado los puestos impares, del uno al 33 en el lado izquierdo, y los puestos pares, del cuatro al 32 en el lado derecho.

Pero todavía queda algo por analizar. ¿Es preferible optar por el lado izquierdo o por el lado derecho del bus? Últimos estu­dios coinciden en que se debe elegir el lado izquierdo. Y no solo en autobuses. Puesto que el conductor se encuentra en ese lado del bus, frente a un riesgo inminente de ac­cidente, el señor chofer de manera incons­ciente y por un instinto de conservación, tratará de proteger su vida. Al hacerlo, con­ducirá el vehículo de forma que el impacto mayor lo reciba el lado derecho. Visto así el asunto, se deben eliminar las opciones de los asientos impares del lado derecho del tres al 31.

Así pues, solo quedan dos puestos: los asientos del corredor del lado izquier­do de las filas cuarta y quinta, esto es, los asientos catorce y dieciocho. Pero resulta que quien decida comprar el asiento ca­torce deberá estar preparado para sen­tarse junto a un pasajero que ha decidido comprar el puesto número trece. Como usted, amable lector, debe haberse perca­tado, no soy una persona supersticiosa o paranoica, pero en lo que a mí respecta no quisiera sentarme junto a un ciudadano que le importa un bledo el número trece. Si así de despreocupado es con el desti­no, imaginen ustedes cómo se habrá de comportar como compañero de viaje. Por lo tanto, la única opción factible para la compra, y que yo recomiendo, es el asien­to número dieciocho.

No sé si a estos sesudos razonamientos que ahora comparto les debo la vida. Quizá fue solo suerte que en esos tres años de via­jes semanales en bus interprovincial jamás haya habido un solo percance. Ninguno, claro, a excepción de los voluminosos pasa­jeros del asiento diecisiete que usaban a su vecino como mullida almohada.

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Un viaje en autobús puede ser una experiencia muy agradable o, por el contrario, una situación muy incómoda si nos mareamos o no tenemos suficiente espacio. Por esta razón, es muy importante escoger el mejor asiento en el autobús.

Fuente: www.etrambus.es


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