Donald Glover, el polímata.

Por Francisco Miñaca.

Edición 442 – marzo 2019.

Mucha gente, que alcanza el éxito a una edad temprana, acaba perdiendo el camino y formando parte del olvido. Pero este no parece ser el caso de Donald Glover, cuya fase de madurez va de la mano con su talento y la popularidad de sus varios proyectos.

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La palabra polímata describe a quien destaca en varios campos de la ciencia o el arte. Leonardo da Vinci es quizá el ros­tro más insigne de este género humano. En la Florencia del siglo XV, Leonardo, entre otras cosas, pintó, escribió poesía, diseñó instrumentos musicales, armas y máquinas voladoras, mientras investigaba la anatomía humana y el vuelo de las aves. Su aporte fue tan duradero, que se llama “del Renacimiento” a quien muestra ha­bilidad en diferentes dominios. A sus 35 años, el actor, guionista, músico y produc­tor norteamericano Donald Glover es, en nuestros días, un nuevo hombre del Re­nacimiento, un polímata con un potencial impresionante.

Una breve exploración a la carrera de Donald Glover nos hace dudar sobre nues­tros propios límites y ambiciones. En 2017 la revista Time incluyó a Glover en su lista de las cien personas más influyentes del año. Tina Fey, una de las actrices y escrito­ras de comedia más reconocidas de nues­tro tiempo, escribió sobre él: “Representa la creencia de su generación de que la gente puede ser lo que sea que quiera ser y cam­biar lo que desee en cualquier momento”.

Glover nació en una base militar en California, en 1983, y se crio en una pe­queña ciudad llamada Stone Mountain. Para que tengan una idea, en 1915, esta ciudad del estado sureño de Georgia, fue cuna del renacimiento del Ku Klux Klan. Glover recuerda una ocasión en su niñez en la que sus padres lo llevaron a un show que reinterpretaba la capitulación de los estados confederados del sur en la guerra civil. Cuando la obra terminó, les llovie­ron los abucheos y las latas de cerveza: la suya era la única familia negra en la audiencia. Desde ese momento, Donald empezó a preguntarse qué hacer para que toda esa gente lo aceptara.

Los padres de Donald, ambos afroa­mericanos, eran testigos de Jehová. Aun­que apoyaban las iniciativas de sus hijos por motivos religiosos, no les permitían, entre otras cosas, ver televisión, celebrar sus cumpleaños o hacer trucos de magia. Así, Donald creció alejado de la cultura popular de la época, a la que veía desde lejos con fascinación. En su tiempo libre se recreaba haciendo breves obras de tea­tro y jugando con títeres. Años después, el impacto de Glover en el mundo de las pe­lículas, las estrellas y los cantantes resulta más mágico que cualquier liebre escondi­da en un sombrero.

Donald estudió Artes Dramáticas en la Universidad de Nueva York. Cuando se marchó a la Gran Manzana era virgen y nunca había bebido alcohol. A los veinti­trés años, mientras terminaba su carrera, ya estaba escribiendo guiones junto a la gran Tina Fey para la hilarante serie 30 Rock. Mientras aprendía el arte y el nego­cio de la televisión, creó, con un grupo de amigos, Derrick Comedy, uno de los pri­meros canales de YouTube que tuvieron éxito viral. Aunque los sketches no han envejecido con gracia, el talento actoral de Glover ya resultaba llamativo desde entonces.

Después de tres años como guionis­ta en 30 Rock, decidió concentrarse en la actuación. Entonces Glover aceptó un rol en una serie de NBC llamada Communi­ty, creada por el brillante Dan Harmon, quien hoy es reconocido por haber cap­turado el espíritu de nuestro tiempo en la caricatura Rick and Morty. Community fue un éxito de audiencias y es conside­rada una de las mejores comedias de la década. El mismo Harmon recuerda que el genio de Glover era tan notorio que, para la segunda temporada de la serie, los guionistas confiaban en el talento del jo­ven actor, quien improvisaba cierres para escenas inconclusas.

Mientras escribía y actuaba, e influen­ciado por artistas hip-hop como Kanye West y Drake, Glover empezó a hacer mú­sica en su tiempo libre. El proyecto era tan improvisado que utilizó una página web que creaba nombres al azar. Así nació su alter ego: Childish Gambino. Entre las fil­maciones de Community y sus primeras presentaciones de stand-up comedy en solitario, Glover rapeaba sobre las chicas con las que se acostaba, su ambición de grandeza y el enorme cansancio que lleva­ba a cuestas. En una canción decía tener pesadillas en las que él era el “Heath Led­ger negro”. —Ledger es el actor reconoci­do por haber muerto en el momento más alto de su carrera, después de representar al Guasón en el Caballero de la Noche—.

Los últimos años de Community coin­cidieron con una crisis existencial en la vida de Glover; aunque su personaje en la serie se había granjeado el aprecio de muchos fans, el actor no se sentía feliz. En una entrevista de aquellos días, Glo­ver decía estar obsesionado con la muerte y tener pesadillas de las que despertaba gritando. Temía que ese fuera el fin de su camino y se imaginaba ser recordado como “ese tipo que actuó en Community”. Tenía que destruir su carrera y empezar de nuevo.

Con muchas dudas, dejó Communi­ty, sacó un especial de stand-up en Co­medy Central y actuó en películas como The Lazarus Effect y The Martian, mien­tras, como Childish Gambino, producía la trilogía del álbum Camp, Because the Internet y STN MTN / Kauai. Todo salió excesivamente bien. Triunfó en la radio, en la televisión abierta, en el cable y en In­ternet. Pero todo no es suficiente.

Hasta ese momento, en 2013, la carre­ra de Donald Glover ya había resultado impresionante, pero aún faltaban los años maravillosos. En septiembre de 2016, el mes de su cumpleaños, Childish Gambi­no presentó el álbum Awaken, My Love!, mientras el canal FX estrenaba el primer capítulo de la serie que Glover creó a lo largo del año anterior: Atlanta. En poco tiempo, ambos proyectos se convirtieron en éxitos masivos.

Community.

Community.

Awaken, My Love!

Awaken, My Love!

Atlanta.

Atlanta.

Awaken, My Love! representó un giro creativo para Childish Gambino, que se había hecho un nombre como uno de los raperos más ingeniosos y experimentales de la escena norteamericana. Pese a esto, Awaken… no tenía las atmósferas sonoras ni las proezas verbales que los fans reco­nocían. El álbum es un regreso al R&B y a la psicodelia de los sesenta, toma elemen­tos del movimiento afrofuturista y los re­nueva. En esta entrega, además, Gambino dejó de rapear para cantar en casi todas las canciones, cuyas letras mezclan refe­rencias explícitas al racismo, la alienación y la sociedad de consumo.

Con Awaken, My Love!, Glover ganó su primer Grammy y sonó en radios y re­productores personales de todo el mundo. La sexta canción del álbum, “Redbone”, fue parte del soundtrack de Get Out, una de las películas más vistas y premiadas de 2017. En Internet, “Redbone” se convirtió en un meme y se viralizó a través de in­contables versiones satíricas. Solo en You­Tube, la canción cuenta con más de 260 millones de reproducciones.

Mientras Childish Gambino debutaba Awaken, My Love! en una presentación de varios días en Joshua Tree, California; el canal de televisión por cable, FX, es­trenaba la innovadora serie de televisión Atlanta. Como ya se ha dicho, esta serie fue creada por Donald Glover. Pero faltó mencionar que también fue escrita, prota­gonizada y a veces dirigida por él.

Resulta arduo describir Atlanta. Aun­que es una comedia, a menudo causa una profunda angustia; aunque es sobre raperos, tiene un ritmo lento e imágenes de estagnación y tristeza; aunque es una crítica al racismo y la desigualdad urba­na, tiene momentos surrealistas que dejan a la audiencia desconcertada. Pese a que esta combinación suena disparatada, Do­nald Glover y su grupo de colaboradores la convirtieron en un referente de la tele­visión contemporánea. David Simon, el genio creador de The Wire afirmó en un tuit de 2016: “Atlanta es un trabajo agudo y delicado. Piérdetelo y no estás viendo una de las mejores cosas en la televisión en este momento”.

Aunque hoy existe un consenso ge­neral sobre los méritos de Atlanta, su preproducción significó una lucha entre la visión de Donald Glover y las preocu­paciones comerciales del canal. Glover recuerda en una entrevista con The New Yorker que, en un principio, los ejecutivos de FX tenían serias dudas sobre el proyec­to. Bromea diciendo que tuvo que ofrecer una comedia ligera sobre raperos como caballo de Troya para obtener la atención inicial de la cadena. La estrategia sirvió y demostró que Glover tenía razón. Desde el estreno de su primera temporada, Atlanta se convirtió en la comedia más vista en la historia de FX.

Una escena que contiene todos los elementos de la serie está en “Streets on Lock”, el segundo episodio. Earn, el pro­tagonista, se encuentra preso por razones confusas. Mientras espera en la sala de detención a que las cosas se aclaren, un vagabundo afroamericano bebe agua del inodoro. Los otros presos y los guardias se ríen del loco hasta que, jugando, este le escupe a un guardia en la cara. La broma se termina y empieza la brutalidad. Earn y los otros presos, un travesti y su exnovio incluidos, miran a otro lado mientras los policías vapulean al vagabundo.

La fórmula que Glover planteó en la primera temporada de Atlanta fue “Twin Peaks con raperos”. Twin Peaks es la arriesgada serie que David Lynch dirigió en los noventa y en la que presentaba un oscuro mundo rural y surrealista en el que un crimen espantaba a la población. La segunda temporada de Atlanta, estrena­da en 2018, empujó las convenciones del medio un poco más, y confirmó a Glover como una de las mentes más creativas de la nueva televisión.

Quizá el capítulo más aclamado de esta segunda entrega fue “Teddy Perkins”, este episodio se alejó de la comedia y se adentró en el terror psicológico a través de la espe­luznante caracterización de un artista afroa­mericano recluido en una mansión junto a su hermano. “Teddy Perkins” exploró las se­cuelas emocionales de personalidades como Serena Williams, Tiger Woods, Marvin Gaye o Michael Jackson. Estas celebridades comparten infancias traumáticas, marcadas por padres tiránicos y exigentes. El episo­dio concluye con un asesinato, un suicidio y la expresión confusa del único testigo. La revista Vulture afirmó que “Teddy Perkins” “seguramente será uno de los capítulos más salvajes de Atlanta, y de la televisión en ge­neral, sin quiera estar al aire”.

La inhumana expresión de “Teddy Perkins” sirve como pasaje al último momento importante en 2018 para el polímata: el video de la canción “This Is America”. El tema ha sido visto más de 425 millones de veces en YouTube; si cada una de esas veces fuera un año, llevaría­mos milenios enteros reproduciendo esta mezcla de gospel y trap, interpretada por Childish Gambino. This Is America fue un breve e intenso fenómeno cultural sobre el que se ha escrito y hablado mucho en los meses posteriores a su debut, en mayo del año pasado.

El video muestra a Childish Gambino junto a un grupo de niños afroamericanos, realizando una desesperada coreografía mientras a su alrededor hay fuego, patru­llas policiales y gente que corre desespe­rada. La narrativa del video está puntuada por un guitarrista al que Gambino ejecuta por la espalda para, después, fusilar al coro de una iglesia. Tras cada asesinato, la músi­ca pasa del optimismo del gospel a la deso­lación del trap.

Mientras la letra repite “esto es Améri­ca y no hay tiempo para dormir”, los niños no paran de bailar en ningún momento. Son como los Jackson Five o como el ma­logrado Teddy Perkins; deben entretener y deben ser excepcionales si quieren sobrevi­vir. El comediante Chris Rock decía que el hombre negro debe volar para conseguir lo que el blanco obtiene caminando, Donald Glover parece estar de acuerdo.

Nadie sabe cómo, a sus 35 años, Donald Glover ha logrado tanto. Pero él tiene una teoría que compartió con el periodista Tad Friend en una entrevista a mediados de 2018. El polímata cree que la realidad tiene un algo­ritmo que él puede comprender como un programador o un hacker. Para Glover este superpoder viene con un precio: “Cuando las personas se deprimen y se matan es porque lo único que pueden percibir es el algoritmo”. En la misma conversación con Friend, Glo­ver decía que todos los esfuerzos humanos son castillos en la arena y que lo único que él desea es “hacer el mejor castillo”.


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