¡Amando a Mané!

Por Esteban Michelena.

Fotografía: Cortesía de la FTNS.

Edición 445 – junio 2019.

 

Garrincha---1

“Alegría del pueblo entró en el gramado de mi corazón adornó mis ojos con goles y partió con mis sueños en las manos como un crack en el amor me ganó me envolvió en las sábanas de la pasión fue a la línea de fondo y centró sobre el área de mi corazón…”

(Elza Soares, Alegría do Povo).

 

Esas voces, esas texturas. Elza de la Concepción Soares nació un 23 de junio de 1937, en la favela de Agua Santa, Río de Janeiro. Esos matices, ese pelear toda la vida en aguacero, con la cancha inclinada. A los doce, su padre la casó con un vecino. A sus trece ya fue madre. Y a sus quince enterró a su segundo hijo, muerto por males agazapados entre las huesudas manos del hambre.

Tal cual BB King, Ray Charles: cantar y sobrevivir en el mismo latido de un trepidante corazón. Gritar que la vida pega y el ahogo derriba. Con dieciséis, el sol colorea su favela. Actúa en la radio y, pletórica, comparece a su primer milagro: su voz se transforma en fideos, pancitos y peces.

Veinte años, cinco hijitos; su pareja muere con tuberculosis. Antes, un tiro en el brazo: por si, además de cantante, hubiera sido puta. Llorar un río, revolcarse en angustia, pintarse los labios, clamar al cielo. Y levantarse, otra vez.

Un empresario le lleva a Buenos Aires, pero huye con el vestuario y la limosna. Elsa y los niños contra el mundo. Hasta que el sello Odeón repara en esa voz extraña, mal herida; esas texturas, ese talante. Hacia los sesenta, Brasil ama su voz ronca y desgarrada; esa interpretación temperamental: una marejada donde naufragan dolor, alegría, alivio, esperas. Y esa furia, de fondo, latiendo omnipresente.

Garrincha---2

 

“No me arrepiento de nada de lo que hice, pero me arrepiento de lo que no he hecho y que aún no sé qué es. Mientras tenga vida hay esperanza. Todos tenemos algo que hacer que no sabemos lo que es”.

“Siempre me entendí bien con los hombres y fue más difícil con las mujeres. No sé por qué, es difícil de explicar, tal vez por la garra, por la fuerza de la mujer que soy”.

“La música me hace bien, es mi remedio. La música es la medicina del alma y cuando alimentas el alma te vuelves más fuerte”.

Fuente: www.triunfo-arciniegas.blogspot.com

RACISMO, NEGRITUD, MUJERES

82 años cumplidos. Elza llega del brazo de Pedro, su joven mánager, que la acomoda en un sillón. Una operación de columna limita su agilidad. Son 82 discos, bossa y samba, la mayoría. “Todos tuvieron sentido en su momento. Se acaso voce chegasse fue el primero”, dice y para a respirar.

“Grabamos con Caetano, Gilberto Gil, Chico Buarque, los más grandes. Ahora voy por la juventud, la negritud, el pueblo. En Brasil es indispensable hablar sobre racismo, derechos de las mujeres y grupos LGBT, igualdad de género”. En el Sucre, su voz imponente y torrencial inundó el teatro con dos DJ y un VJ, que dispara videos y enfatiza su discurso: “Deus es mulher”, “A mulher do fim do mundo” (Grammy 2015).

En el próximo Carnaval de Río una escuela de samba pondrá en escena su vida y Taís Araújo, la bella Xica da Silva, protagoniza su biografía de próximo estreno por la Rede Globo. Hoy, Siete mujeres, un musical con siete cantantes, recorre Brasil y llegará a Portugal y otros países europeos. “Mi corazón está bien, mi salud también, gracias a Dios. A veces, la columna”.

UN VELOZ PAJARITO CUALQUIERA

Un octubre 28 de 1933, a Río le nacía Manuel Francisco dos Santos. Garrincha viene de ese pajarito que su hermana Rosa y él hallaran parecido. “Un pájaro que canta bonito y no soporta el cautiverio”, escribió Guy Castro. “Un veloz pájaro cualquiera”, dijo Mané. Y los apodos se vuelven sentencias. A Mané la polio le torció la columna y sus piernas, los pies girados 80 grados hacia adentro. Le operan, pero queda con la pierna izquierda seis centímetros más larga que la diestra.

Los médicos lo dieron de baja. El psicólogo de la selección lo descartó como a un subnormal negado para un juego colectivo. “Necesito amar, jugar y vivir”, dijo él. El 19 de julio de 1953 debutó con Botafogo, su divisa amada. Era un despistado. En el Mundial Chile 62, alarmado, en el bus, preguntó a Aymoré Moreira, su DT. “¿Hoy es la final? ¡Con razón hay tanta gente!” Con Pelé lesionado, el prodigioso siete se puso el equipo al hombro y Brasil tuvo su segundo título mundial.

Mané visita el paraíso. Vinicius de Moraes: “es el ángel de las piernas torcidas”. Carlos Drummond de Andrade: “Un pobre y pequeño mortal que ayudó a un país a suspender sus tristezas”. Mujeres bellas, festivos encierros. Tres parejas, 36 hijos, catorce reconocidos. Y uno de ellos gringo, durante una gira de Botafogo por Suecia. Excesos, cada vez más frecuentes. El vicio desborda la banda. Y marca en el alma de Mané.

LA ALEGRÍA DEL PUEBLO PISÓ EL GRAMADO DE MI CORAZÓN

Garrincha---4

Elza, diva y con tres discos pegados, asistió como madrina a Chile 1962. Él es la “alegría del pueblo”. Se conocen en un entrenamiento. La pareja soñada, primer romance tormentoso y mediático. Garrincha es casado y con hijos. En Brasil no existe el divorcio y en 1966 se casaron en la embajada de Bolivia, en São Paulo. Mané operó sus meniscos. La pareja enfrentó su amor y tragedia, atizada por la lucha de Manuel
con su cachaza y sus lesiones.

Pido permiso, lo nombro. Elza sonríe. “Sus dribles por derecha, nunca más hubo alguien así. Acababa con la solemnidad de la cancha, era la fiesta misma”. Tras sus gafas inmensas, su rostro pequeño se dibuja al frente de una espesa jungla de alborotados cabellos rizados. “Mané no dejó de ser niño, no creció nunca. Fue sacrificado por su inocencia”. ¿El Peter Pan de la favela? Elza se baja sus gafas, me mira curiosa,
suspira, se ríe. Y asiente.

Mané fumaba y bebía desde chico. La última vez lo vieron en el barrio de Botafogo, con una borrachera de tres días. Su amor eterno duró quince años y Mané se fue muriendo, en cada trago. Ingresó al hospital como indigente, noqueado con calmantes, en coma alcohólico: ¡le cambiaron la identidad! A las seis de la mañana de un 20 de enero de 1983, con solo 49 años, el muerto por cirrosis se registra como Manuel
da Silva, un apellido que se usó para negros esclavos y analfabetos.

La nostalgia contraataca la portería vacía. “Mané nunca murió para mí, está vivo. Ir al estadio era mi felicidad. Yo era la musa de él y su equipo”. Hoy, la memoria de Garrincha es una causa para Elza. “Él mereció más, mucho más. Ahora lucho por restaurar su imagen: estamos terminando su museo”.

Lo sé: Elza pide tiempo. “No más Mané, por favor”. Me quedo quieto. Los momentos de silencio se vuelven dramáticos. Tomo su mano: no dejaré que se me vaya. Ella me mira, sabe que tampoco me iré.

Garrincha---3

Mané ya había ganado el título Mundial del 58 en Suecia, por lo que cuando ambos viajan a Chile para el Mundial del 62, él como estrella y Elza como madrina, el resultado era previsible. Garrincha ya estaba casado, tenía entre seis u ocho hijos, y todas las culpas sobre su vida disipada cayeron en su nuevo amor. Debieron casarse en la embajada de Bolivia en São Paulo, porque el divorcio no era permitido en Brasil. La gente se dividía entre la condena y la adoración para la pareja soñada del pueblo, pero despreciada por la aristocracia y el conservadurismo brasileño. A partir de allí todo fue declive para él y fama para ella.
Fuente: www.cooperativa.cl

—La última pregunta, por favor, ¿Elza?

El amor, el delirio, la sonrisa, la locura, el regazo y el abismo, el principio y el fin; la hermosa criolla de Manuel se queda: inclina su motosa cabecita, la encierro en la banda derecha, ella aguarda el pase al vacío. También amo a Mané y debo patear mi penal. No le he soltado su manita izquierda, para nada; la mía suda. Yo me oigo el corazón. ¿O es el de ella? Me acerco a su rostro, le hablo bajito.

—Mané está al frente, mirándola. Háblele al oído.

—Esas voces, esas texturas. (Elza, literal, toma aire. Alza a ver. Ese vozarrón que se va quebrando). Mané! Eu te amo!

 


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