Dolor y gloria o no hay gloria sin dolor.

Por Gonzalo Maldonado Albán.

Edición 450 – noviembre 2019.

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El filme empieza con un gráfico computarizado que explica los síntomas del doliente: migrañas, zumbidos en el oído y una lesión grave en la columna. El cuadro clínico también incluye ataques de pánico, depresión e insomnio. El enfermo se llama Salvador Mallo, un famoso cineasta español que claramente es el alter ego de Pedro Almodóvar, el director y guionista de Dolor y gloria, la reciente película de este genio del cine contemporáneo.

Su tema central es el dolor moral, que luego es somatizado por el cuerpo. Los personajes de la historia sufren dolor moral porque son “diferentes”: artistas, homosexuales, pobres de solemnidad o simplemente porque son incapaces de encajar en la norma. “Aquí todo es raro”, dice la empleada, una peruana parece, que limpia y cocina en el departamento del protagonista principal.

La imposibilidad de encajar inflige dolor moral en los protagonistas y les produce colapsos. Por ejemplo, cuando Salvador Mallo descubre, de niño, que le gustan los hombres, se desmaya y tiene un ataque de fiebre. Alberto Crespo, un amigo de Salvador —también actor y gay—, lleva una irremediable adicción a la heroína como una losa que apenas puede cargar.

Salvador es toda una colección de achaques que le conducen al quirófano y a una romería permanente de especialista en especialista. El novio de juventud de Salvador es, tal vez, el que la lleva mejor: pudo dejar la heroína y no parece trastornado. ¿Será porque este señor volvió a la “normalidad”, casándose, teniendo una familia y abriendo un negocio?

Eso sí, todos los protagonistas de esta historia son decentes, humildes, entrañablemente humanos, esencialmente buenos. Tal vez el dolor físico y moral traiga esas consecuencias, parece trasuntar la película. Cinematográficamente, esa humanidad conmovedora se consigue con primeros planos de los rostros de los protagonistas que, imagino yo, deben haber sido verdaderos retos para los actores. Antonio Banderas, el actor favorito de Almodóvar, ahora en el papel de Salvador Mallo, pasa con honores aquellas pruebas. Tanto así que se llevó el premio a Mejor Actor en el Festival de Cannes de este año.

También hay diálogos reposados que rezuman dignidad, como ese que Salvador mantiene, en medio de la noche, con su exnovio, Federico, y en donde solo intercambian cortesías, con palabras sencillas, sin gestos grandilocuentes.

A pesar de tanto dolor y sufrimiento, estos  personajes no se han envilecido. Han sabido, como pocos, aferrarse a lo mejor de ellos, a su humanidad. Es ahí donde radica su gloria.

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Dirigida por Pedro Almodóvar y protagonizada por Antonio Banderas, Penélope Cruz, Asier Etxeandia y el argentino Leonardo Sbaraglia.

Nominada a la Palma de Oro en el Festival de  Cannes de 2019. Premio Mejor Actor a Antonio Banderas.

El filme fue un éxito de crítica y taquilla. Es considerado uno de los mejores de la vasta obra de este autor.

La ficha es implacable: Drama. Cine dentro del cine. Años sesenta. Homosexualidad. Drogas. Infancia.


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