María Paula Romo: “La izquierda ecuatoriana ha sido curuchupa”

Por Pablo Cuvi

Fotos Francisco Caizapanta

 ¿Quién hubiera pensado que la abanderada de un colegio de monjas lojano iba a ocupar, doce años después, un puesto en el politburó de un Gobierno que proclama la revolución social? Nació en Quito, en 1979, dos meses antes de que Roldós asumiera la presidencia. Como buena Géminis, era “matona” (o sea, estudiosa) y rebelde al mismo tiempo. Y como sigue siendo una gran lectora, siempre anda con un libro en el bolso. Le encanta pasar por carishina. ¿Y? Ninguno de esos datos es banal en el retrato en marcha de María Paula Romo, quien vuelve de la cocina con dos mates de coca. Echo a andar la grabadora sin mayores preámbulos. Lenguas a la obra. Que su mamá es lojana, dice, luego del primer sorbo de la infusión. Por eso estudió allá desde los seis años, pero en la secundaria chocó “todos los días de la vida con las monjas”. ¿Por qué?

—¡Huy, por todo! Yo tengo las mejores anécdotas: me botaban del colegio, siempre por días, pero mi abuelo era muy querido en Loja, era el médico de todo el mundo, el que había visto nacer a todos, el médico de las monjas, de mis profesores; además, fue el primer médico que tuvo Loja y sus alrededores. Cuando me botaban del colegio, un día, dos días, al regresar con mi mamá, siempre me decían: no te vamos a botar por el doctor Vishito (ríe). Eso es lo que me mantuvo estudiando, el doctor Vishito, porque si no, no habría terminado jamás el colegio.

Para mí siempre era de mucha angustia el clima de represión del colegio, y mi papá trataba de convencerme de que ya se iba a terminar, y mi entretenimiento era leer, vivir ese mundo paralelo, yo vivía leyendo.

—“En el territorio de los descontentos”, decía Stefan Zweig.

—Sí, ahí te abres de la vida real y te dedicas a otra. Yo hice eso (sorbe el té) ¡toda la vida! Entonces, mi papá me mantenía tranquila, veníamos de vacaciones a Quito a visitar a la familia, a los tíos, y mi papá me compraba todos los libros posibles.

—¿Y chocabas por el problema de Dios, eras creyente o empezabas a dudar?

—No chocaba tanto por el problema de Dios como por las interpretaciones de las monjas sobre Dios. Mi familia es una familia bien religiosa; entonces, a pesar de que yo no he sido muy religiosa, no era mi problema la clase de religión; sí era mi problema todas las implicaciones, todo lo que era pecado. Me acuerdo que una vez trajeron una monja de un colegio de Colombia, como diciendo: ya, hemos abierto tanto la mente que vamos a traer una monja para que les hable de cosas que nosotros no les hablamos, teníamos 17 años y la monja nos iba a hablar de sexo, un tercio del colegio estaba embarazado…

—¿En serio?

—Bueno, no un tercio, pero yo tuve compañeras embarazadas en primer curso, en segundo curso, en tercer curso… porque ése era un tema del que no se hablaba, era pecado, era un colegio de mujeres, saludar con hombres estaba mal, las monjas esperaban en las veredas del colegio para ahuyentar a cualquier amigo, hermano, primo que pasara por el colegio. Y por eso yo tenía serias discusiones. Llegó esta monja que nos iba a dar las ideas más abiertas y decía que usar pintalabios era pecado, que todo tenía implicaciones sexuales. Bueno, yo tengo un grupo de amigas, todavía son amigas, y en esa época nos dedicábamos a contradecirles: no es cierto, no es pecado, no tienen información, no nos pueden decir eso, queremos hacer consejo estudiantil. No nos dejaron hacer consejo estudiantil. Fuimos a poner una queja en la Dirección Provincial de Educación porque no nos dejaban hacer consejo estudiantil. Nos dijeron que no podían decirle nada a la monja porque era un colegio del Modus Vivendi, que no podían decidir cómo se llevaba el colegio.

—¿Y desde ahí tienes bronca con el Modus Vivendi?

—(Ríe) Ahí me enteré que existía el Modus Vivendi, ahora que soy abogada comprendo… (Explica el problema de las universidades católicas que se amparan en el Modus Vivendi para exceptuarse de cumplir la ley ecuatoriana, cuando ese acuerdo de 1937 entre la Santa Sede y el Ecuador no dice nada sobre universidades pero reconoce a la Iglesia católica su facultad de fundar escuelas y las deja al cuidado del patrimonio cultural que está en las iglesias). Hoy nosotros tenemos leyes sobre cómo se hace la educación y no solo la Iglesia católica puede fundar escuelas, todo el mundo, siempre que se rija a la ley. Tenemos leyes y sistemas de protección del patrimonio cultural que no necesitan convenio internacional para encargarle a alguien eso.

—¿Por qué vas a la Universidad San Francisco?

—Porque la Universidad San Francisco me permitía estudiar otras cosas mientras hacía Derecho. Creo que ésa fue una buena decisión, si hubiera estudiado solamente Leyes, probablemente no habría tenido la paciencia para graduarme de abogada. En la San Francisco hice una especialidad en literatura, otra en filosofía, en estudios latinoamericanos, había millón de temas. Para mí fue un cambio terrible salir de un sistema donde uno tenía que vestirse de una manera…

—¿Usabas uniforme?

—No solo uniforme, nos formábamos para que nos revisen la altura de la falda, que no podía ser más arriba de la rodilla, el color de las vinchas, el tamaño de las uñas, cosas insólitas, creo yo, era un control de la personalidad de la gente, el peinado. En la San Francisco uno tiene profesores de todas las formas de pensar, fue un cambio radical. Pero la San Francisco, y probablemente pasa en otras universidades, tiene círculos sociales súper cerrados de colegio privado, había más de un círculo social de gente que se conocía. Claro, los que veníamos de provincia éramos generalmente los chagras, con grandes dificultades para nivelarnos, yo tuve que estudiar y esforzarme terriblemente los primeros años, compraba libros, devoraba libros, pedía deberes, leía los deberes, hasta entender lo que tenía que hacer.

—¿Desde cuándo decidiste estudiar Leyes?

—Creo que en el colegio. Cuando estaba metida en todas esas broncas y quería entender exactamente qué pasaba, y cómo se reclamaba, yo creía ser abogada. Ahora creo que tiene menos que ver el derecho con la justicia de lo que yo pensaba.

¿Cómo así?

—Porque no es cierto que hay una relación directa. El derecho es una construcción del sector que está en el poder, es el reflejo de las fuerzas políticas, de las presiones sociales y mucho más. Mi idea, cuando decidí ser abogada y peleaba con las monjas, era que el derecho tenía una relación directa con la justicia. Cuando estudiaba Leyes ya empecé a dudar de ello. Ahora hago leyes; no siempre es una relación directa entre el derecho y la justicia, hay miles de factores. A mí me gusta mi profesión, la disfruto inmensamente, yo sí creo que el derecho tiene un potencial transformador, no solamente recoge el statu quo, pero también es cierto que es una de las profesiones más conservadoras.

—En la Constitución de Montecristi invocan el nombre de Dios: ya no puedes ser más conservador que eso.

—En el preámbulo se habla de Dios, de todos los dioses, pero luego, en el artículo 1 dice que el Estado es laico y en el 3 dice que el Estado y sus funcionarios tienen la obligación de tomar decisiones laicas. Igual el presidente firma “Dios, Patria y Libertad”. Hay muchos de estos temas que están en tensión y que seguramente van a seguir en tensión, que se debaten todos los días.

—Pero que no debían estar ya…

—Ah claro, yo no estuve de acuerdo con que diga en el preámbulo Dios, pero se convirtió en un debate nacional de los más importantes de la Constitución, al mismo tiempo que el preámbulo invoca la protección de Dios, la Constitución dice por primera vez que el Estado ecuatoriano es laico, por primera vez en 20 constituciones…

Digamos que hay para todos. Bueno, terminas la universidad y qué haces.

—En la universidad ya me dedico a hacer política, rápidamente encuentro gente parecida a mí, que está con las mismas inquietudes, en el mismo debate, empezamos a organizarnos. En el primer gobierno estudiantil en el que estuve fui tesorera, era un gobierno estudiantil bastante pobre, pero hicimos cosas lindísimas, y al siguiente año ya fui candidata a presidenta del gobierno estudiantil y gané esas elecciones.

—En el año 99 el Ecuador vivió la peor crisis económica del siglo. ¿Se sintió algo adentro, pasó algo en el movimiento estudiantil?

—En la San Francisco no pasaba mucho, estaba físicamente lejos de esos problemas, no estábamos en la ciudad, pero fueron los años del bloqueo de los taxistas, de la caída de Mahuad. Nosotros teníamos un foro con los presidentes de otros gobiernos estudiantiles de otras universidades. Quien en ese momento era presidente de la FEUE es un compañero que hoy es de La Ruptura. Cuando hubo un levantamiento indígena contra Mahuad, cuando los indígenas se quedaron un par de días en la Salesiana, le sacaron al rector de la Salesiana por haber permitido eso, nosotros con las otras universidades dimos comida a la Salesiana, estuvimos ahí.

—¿Todavía se hablaba del marxismo, cómo veían eso?

—Si uno es estudioso, interesado, aficionado a la política, igual hay que leer a Marx. Lo que Marx dijo, escribió, pensó, marcó la historia de la política, y yo creo que todavía lo hace, nunca ha dejado ser un tema de discusión, aunque creo que hemos superado, al menos desde La Ruptura no es nuestra calificación la de marxistas.

—¿Y cómo sonaba eso de la religión como opio del pueblo?

—La izquierda, y la izquierda ecuatoriana, tuvo mucha influencia también de la Teología de la Liberación, de monseñor Leonidas Proaño. Creo que ahí las posiciones han sido siempre mucho menos radicales. También creo que la izquierda ecuatoriana ha sido bastante conservadora en los temas religiosos, creo que la izquierda ecuatoriana ha sido curuchupa, todavía sigue siendo un tema poco tratado, al que se lo considera casi un tema de la costumbre o de la vida personal, lo que tiene que definirse porque la mayoría piensa eso.

—Cuando entré a tu blog, una de las cosas que me llamó la atención es que pones un link ahí, Biblioteca Escéptica, y el primer libro que asoma es Dios no es bueno, y sigue una serie de autores, de los cuales conozco algunos, pero hay uno que me encanta: Cioran y el Breviario de podredumbre. Pero me decía: si realmente la dueña de este blog lee esos libros, no puede aguantarse un discurso de la revolución ciudadana (ríen ambos) ni muerta, se le abre el coco.

—De vez en cuando sí. Y por eso habrás visto en ese mismo blog el tema del Modus Vivendi para las universidades católicas, que causó gran polémica, en el Facebook, hay una discusión más dinámica. Hace unas semanas puse una nota sobre la Corte Europea de Derechos Humanos que hizo una sentencia contra Italia que le obligaba a sacar los crucifijos de las escuelas públicas, en una discusión precisamente sobre el laicismo.

Creo que la religiosidad del pueblo ecuatoriano es evidente y que la discusión es cuánto se inspiran en eso las decisiones del Estado, me parece que todavía mucho. Hay cosas que discutir ahí: ese Decreto 1780, el convenio para la evangelización, terrible. Hay un acuerdo entre la Santa Sede y el Estado ecuatoriano para el fortalecimiento espiritual de las Fuerzas Armadas, eso está firmado en el 78 y tiene tanta influencia que todavía el orgánico funcional de las Fuerzas Armadas, o sea el Estado ecuatoriano, paga a los obispos castrenses y a los capellanes, así lo dice el Ministerio de Gobierno.

LA RUPTURA DE LOS 25

—¿Cuándo empieza la Ruptura de los 25, cómo empieza?

—Conozco a mucha de la gente de la Ruptura cuando estoy en la política universitaria. Con muchos seguimos en contacto, además, cuando había eventos políticos, cuando había un foro, una marcha, seguíamos encontrándonos, discutiendo cosas. Hace cinco años, Gutiérrez era presidente, tuvimos elecciones en el medio período, se escogían alcaldes, concejales, la Izquierda Democrática y el Partido Social Cristiano habían decidido que la política ecuatoriana era bipartidista entre la ID y el PSC, y se cumplían 25 años de democracia en el Ecuador. Entonces, algunos amigos, que sabían que teníamos actividad política, nos invitan a que en una separata que iba a publicar uno de los diarios del país, escribiéramos algo sobre los 25 años de la democracia. Nosotros ¡encantados! no teníamos nombre, estructura, hacíamos política…

—¿“Nosotros” eran quiénes?

—Empezamos con el Norman Wright, Juan Sebastián Roldán, Paty Salazar, Patricio Navarro. De Cuenca estaba Osorio, María Cecilia Alvarado; en Guayaquil el Camilo, el Pepe Villena…

—¿Era una coincidencia que tú tenías 25 años?

—La mayoría de nosotros tenía esa edad, éramos de esa generación. Estábamos fascinados, dijimos: sí, vamos a escribir, dónde escribimos, de qué tamaño. Nos mandaron un machote, y en una página escribía Rodrigo Borja, en una página escribía Osvaldo Hurtado, en otra Alexandra Vela, y así, en la contraportada había publicidad y quedaba un espacio pequeñito para nosotros. Nos sentamos a discutir: es una locura, son exactamente los mismos nombres de los 25 años y no se sorprenden, ellos son los que fueron candidatos, los que gobernaron, los que se evalúan, se aplauden entre ellos, cero autocrítica, cero capacidad de renovación. Los discursos son exactamente los mismos, porque no es tan grave que sean las mismas personas como que no les haya cambiado una gota las ideas. Pero aquí hay una generación mayoritaria en el país, el 60% de los ecuatorianos tienen menos de 30 años hoy. Y hay una generación que nació con la democracia, que debe tener algo que decir, pero la lógica sigue siendo la misma. Dijimos: no vamos a escribir nada, muchas gracias, ahí va el machote.

Luego de algunos días nos planteamos por qué no hacer público ese debate, por qué no hacer una especie de cuestionamiento a los responsables de esos 25 años, y organizamos un evento que se llamó La Ruptura de los 25, algunos amigos nos ayudaron a buscar fotos en los periódicos, en sus propios archivos. Para nosotros era súper importante hacer uso de las imágenes, somos de una generación que cree más en las imágenes que en los discursos. (El “alcaldito” encargado, Antonio Ricaurte, les dio permiso para usar la plaza). En la Plaza de la Independencia pusimos unos andamios, en el Centro Metropolitano pusimos unas pocas sillas, decíamos: no va a venir nadie, a cuántos vamos a poder invitar y organizamos unos foros donde la pregunta era cuánto la política había cambiado la vida de la gente.

—Pero la pregunta era: ¿quién jodió al Ecuador?

—Quién jodió al país. Hicimos unos papelitos con la pregunta y eso estaba arriba de las fotos y en el Centro Cultural ¡fue una locura!

—No era una pregunta, era una acusación. Si pones ¿quién jodió al país? encima de la foto del doctor Rodrigo Borja…

—No todas eran así tan directas. (Risas) El doctor Borja estaba con un lindo disfraz de militar, con una metralleta. Las fotos están puestas en la página (web) de Ruptura. Teníamos fotos hermosas: Bucaram bailando, y una que para nosotros era “la” foto, en la que están sentados en la ceremonia: Mahuad, Rosalía, Alarcón, Carlos Solórzano, Gutiérrez de edecán, está Bucaram. O sea estaban en esa foto…

—… seis que fueron presidentes algún rato.

—En cuatro años. Y nosotros decíamos: esto es la política ecuatoriana, con dos fotos se explica toda la dinámica de la política, ¿cuál dinámica política?, no se ha movido en absoluto, nunca. Una serie de eventos fue nuestra “celebración” de los 25 años de democracia. No hay tanto que celebrar como preguntarte para dónde, muchas de esas cosas hay que romper, por eso se llamó La Ruptura de los 25 y nos fue tan bien que con ese nombre nos quedamos, y empezamos a recibir correos, invitaciones, gente de otras provincias que nos decía: ¿con quiénes nos contactamos acá, cuándo traen las fotos?

—El resultado final, no hablo solo de ustedes, pero ustedes estuvieron muy metidos en eso también, fue un golpe de Estado. Y si uno, en vez de preguntar: ¿quién jodió al país?, pregunta: ¿qué jodió al país?, en lugar de salirte una persona “mala” te pueden salir malos los ciento y pico de golpes de Estado que hemos dado en el Ecuador y que seguimos dando. El no respeto a las instituciones, el no respeto a las leyes, ¿verdad? De manera que ustedes iniciaron su actividad política con un golpe de Estado.

—De hecho no, cuando empezamos las cosas de la Ruptura, la nuestra no era una voz de oposición contra Gutiérrez, era un cuestionamiento a los años de democracia, a la falta de renovación ideológica en los partidos, al poco espacio en los partidos. En un principio jamás fue una discusión contra Gutiérrez, nosotros nos planteamos la necesidad de construir un espacio político. Esto fue en septiembre, hace cinco años; en diciembre, Gutiérrez hizo una alianza con el PRE, básicamente destituye la Corte, nombra a la “Pichi” corte…

—Además del PRE, estaban los socialistas…

—Más: estaban los socialistas, el MPD, el Prian. Nosotros estábamos empezando a salir, nos llamaban a las entrevistas, claro, no podíamos dejar de decir algo sobre eso.

—Punto de orden, como dicen en el Congreso: ¿por qué el apoyo del PRE era malo en esa época y ahora es bueno?

—Si tú ves, el PRE hizo campaña en la que puso expresamente fotos contra mí. Dalo Bucaram ha tenido las peores expresiones durante toda la campaña y cuando se hicieron las alianzas políticas de Movimiento País, nosotros fuimos públicamente críticos de la posibilidad de aliarnos con el PRE. El PRE tiene tres asambleístas que han sido escogidos por el país, hay que escucharles, representan a un sector de la población; pero yo sigo creyendo que podemos construir alianzas de otro tipo.

Volviendo a Gutiérrez, salimos a las marchas cuando no salía nadie, en varios de esos actos estuvimos con el Rafael Correa, era profesor de la San Francisco, ambos éramos profesores. Hasta la última marcha de febrero, gigantesca en Quito, nuestro boletín de prensa de ese día decía: “No hay que sacarle a Gutiérrez, Gutiérrez tiene que rectificar, tiene que regresar la Corte, no se tiene que ir Gutiérrez porque esto tiene que parar en el Ecuador, tenemos que vivir con las consecuencias de lo que hacemos, a quién escogemos…”

—El problema es que luego todos terminamos aceptando los golpes de Estado.

—Nosotros fuimos invitados a participar en el Gobierno de Palacio, ninguno de nosotros lo hizo.

—Correa, por ejemplo, entró rápidamente al Gobierno.

—Él fue ministro de Finanzas, él tendrá sus buenos motivos para eso, él no tenía el compromiso en los temas que nosotros habíamos propuesto, probablemente él hará su propia reflexión sobre eso. A mí el presidente Palacio me llamó, me propuso que fuera ministra, le dije que no, que muchas gracias, que nosotros hacíamos política, que queríamos ser parte de la conducción del Estado, pero que lo íbamos a hacer en otras condiciones y que íbamos a entrar cuando ganáramos elecciones, y eso fue lo que hicimos.

Luego vinieron las elecciones, nosotros teníamos muy buena relación con Rafael Correa. Cuando Rafael Correa dijo: voy a ser candidato, le planteamos nuestra preocupación: cómo sin organización política. Entonces, el Rafael nos dijo: ¿ustedes creen que voy a perder? Y le dijimos: no, nosotros creemos que vas a ganar, lo que nos preocupa no es cómo ganar sin organización, sino cómo gobernar sin organización, ¿cuáles son tus cuadros? Habíamos visto lo difícil que nos resultaba tener una organización nacional, las diferencias políticas en las provincias. Le dijimos: si ganas tienes el desafío de gobernar, y nosotros creíamos y seguimos creyendo que para gobernar hay que prepararse, para eso sirven los partidos políticos. Por eso no participamos en la campaña de la primera vuelta. (Cuenta que luego entraron a la campaña porque tenían “grandes coincidencias con el Rafael”. Tras la victoria hicieron un acuerdo programático con el Movimiento País, el Nuevo País con el Corcho Cordero, la Ruptura y la Alternativa Democrática, con Augusto Barrera, Virgilio Hernández, Betty Tola). Y el acuerdo era: vamos a la Constituyente y empujamos cosas conjuntas.

“NO HE SENTIDO EL PODER”

—Antes de eso pasaron algunas cosas. Por coincidencia estaba contigo en Radio Democracia y se habían destituido a los 57 diputados. Yo decía que eso era ilegal e inconstitucional porque ellos también fueron electos en una elección democrática y popular, no bastaba que un señor se cambie de camiseta en el trayecto que va desde el Congreso Nacional hasta la 6 de Diciembre y Bosmediano…

—En la discusión de los 57 diputados había una norma que decía que el Tribunal Electoral tiene la facultad de destituir a cualquiera que obstaculice elecciones convocadas. Lo que pasó en este momento es que el Tribunal Electoral era un tribunal que respondió a otra realidad política y finalmente convocó a una consulta popular, tenía un número de firmas para esa solicitud, el Congreso no le había dado paso, el tribunal decidió convocar a la consulta popular y el Congreso se reunió para destituir al tribunal. Éste usó el artículo que decía que nadie puede obstaculizar elecciones convocadas, a quienes obstaculizan, destituirlo, y destituyó a 57 diputados. Sí, creo que todavía hay una larga discusión sobre eso, me parece que hay buenos argumentos de un lado y del otro.

—En la Constituyente, a ustedes se les veía más ubicados en la línea de Alberto Acosta. Pero el rato que vino lo que uno de los asesores de una asambleísta calificó como “golpe de Estado”, sacaron a Alberto Acosta y no hubo de parte de ustedes un movimiento de respaldo a él.

—En el bloque, no solamente nosotros, planteamos al Alberto la necesidad de que hubiera consultado o conversado con alguien, lo que el presidente le había pedido: su renuncia. Nosotros nos enteramos de la renuncia por la prensa, como todo el país. Creo que en ese momento el Alberto tomó esa decisión como un acto de gran responsabilidad política, hizo todo lo necesario para evitar un cisma en el bloque; así nos lo hizo saber expresamente. (Explica que no coincidían en eso de ampliar el plazo pero que, si Acosta hubiera planteado su renuncia “como un debate sobre ciertos puntos ideológicos, eso sí habría creado un cisma en el bloque”. En cuanto a las fechas, insiste en que ellos pensaban que “había que terminar la Constituyente en el plazo que nos había dado el mandato de la consulta popular”).

—Pero ahora que estuvieron frente al mismo dilema no tuvieron ningún problema y Fernando Cordero salió a decir: ah, no, eso no importa, que van a darse el plazo que sea necesario. Un rato es bueno, otro rato es malo.

—El dilema era bastante distinto. Nosotros hoy fuimos electos para cuatro años y tenemos facultades para legislar tres años más. En ese momento nosotros habíamos sido electos por seis meses, con una prórroga posible de dos y, luego de que se terminaban esos ocho meses, no teníamos facultades constituyentes, porque nuestras facultades constituyentes salían de la consulta.

—Pero se autoprorrogaron, vino el Congresillo…

—Sin facultades constituyentes.

…nadie les había elegido, la verdad es que debían haberse ido a la casa y se quedaron en una cosa que no existía.

—Pero sin hacer la Constitución. Yo creo que hay diferencias. En todo caso, la renuncia del Alberto, que es de lo que hablábamos, si hubiera planteado esto como unas diferencias ideológicas, que hay y que había en ese momento y que todavía hay con el presidente, probablemente eso habría provocado un cisma en el bloque, yo creo que sí. Creo que el Alberto tuvo un acto de mucha generosidad y de mucha responsabilidad política cuando no lo planteó en esos términos y cuando, además, decidió permanecer en la Asamblea como asambleísta. Claro, eso hizo que nadie en el bloque tuviera ningún partido que tomar.

Mirando tu rápida carrera política, ¿no te dio el “efecto Maradona”, de alguien joven que triunfa demasiado rápido y empieza a perder los cables con la realidad?

—Creo que nunca he sentido el poder. En la Constituyente, cuando de vez en cuando venía a Quito, me invitaban a una entrevista y me preguntaban eso, yo les decía: yo no siento los plenos poderes. Y hoy tampoco, porque además es un cuerpo colegiado: si yo tengo una idea sobre algo que debemos escribir o no escribir, tengo que convencer a otras 62 personas de que así lo hagamos. Creo que me he mantenido inmune al efecto que provoca el poder, que yo lo he visto y lo temo. Probablemente, no es que soy inmune, sino que no he sentido el poder todavía, entonces no tengo nada de que marearme.

—¿Qué has sentido como mujer en un mundo machista como la política? Si la realidad ecuatoriana es machista, la política es más…

—¡Más que lo normal! Sí, la política es un espacio masculino, todavía con muchas formas machistas (cuenta que fue profesora de género en diversas facultades). Es un tema que nos marca la vida y que tiene que ver con la política más de lo que creemos, porque finalmente la discusión del género es la discusión del poder y del poder inscrito y justificado en lo biológico. Es un mundo machista, sí, absolutamente, donde a las mujeres tradicionalmente se nos asignan tareas femeninas, las tareas de educación, de salud. Yo soy una feminista convencida, declarada, asumida, feminista no agremiada también, y creo que no nos debemos dejar encasillar en que las mujeres estamos en la política para hablar de temas de mujeres. Las mujeres podemos encargarnos de los grandes temas de la política, de los temas de la política de la vida cotidiana; eso no siempre ha sido fácil, aunque yo personalmente siento que mis compañeros hombres me respetan mucho políticamente. Por supuesto, no creo que a ningún otro candidato en Pichincha en una entrevista en la campaña le pregunten si sabe cocinar. Cuando a mí me preguntaban eso, yo decía: ¿ya le preguntaron al Paco Moncayo?

—Ahora que has planteado la pregunta (ríen) cuéntame si sabes cocinar.

—Cocino, cocino delicioso, me encanta cocinar.

O sea que no eres carishina.

—Sí soy carishina en otras cosas, y es linda palabra: carishina. (Ríe) Alguna vez me llamó por teléfono una señora: qué lindo que usted tenga esa fuerza y que haga todas esas cosas “a pesar de ser mujer”… ¡era una señora la que me decía eso! Otra me dijo: siga haciendo todo eso, pero sin perder la feminidad. Ahí me pierdo un poco sobre cuáles son las cosas de la feminidad.


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