Regreso al dirigible

No es la primera vez que un dirigible llama la atención en la navegación aérea, pero su historia ha sido tan volátil que cualquier novedad es recibida con expectativa.

La compañía Hybrid Air Vehicles (HAV) presentó el prototipo del avión más largo del mundo: el Airlander (HAV 304), de 92 metros, un vehículo híbrido de helio que combina el equilibrio asociado a los dirigibles y la flexibilidad operativa de los helicópteros.

Según HAV, “es un vehículo híbrido de aire y deriva su capacidad de vuelo a partir de una mezcla de sustentación aerodinámica y la flotabilidad de helio”. En el hangar de Cardington, el más grande del Reino Unido, se exhibió la nave cuyo funcionamiento está previsto a finales de este año.

Esta nave gigantesca, que se inspira en la era dorada de los dirigibles, es de fibra de carbono, puede permanecer hasta tres semanas en el aire, transportar 50 toneladas de carga y se maneja a control remoto. Está dotado para misiones de vigilancia y transporte, el aterrizaje puede realizarse en superficies planas o el agua, y no se descarta que en el futuro asuma vuelos de pasajeros.

Este prototipo estuvo inicialmente en manos del Pentágono para operaciones de vigilancia, pero por problemas financieros y técnicos, el proyecto quedó inconcluso y finalmente fue recuperado por los británicos.

Bruce Dickinson, cantante de la banda Iron Maiden, es inversionista de HAV y no asombraría que fuera el primero en dirigir la singular nave, pues tiene licencia de piloto. El periódico británico Daily Express citó palabras del artista quien adelantó su deseo de volar “de polo a polo” e incluso sobre el Amazonas y las ciudades más importantes del mundo.

El Airlander abre expectativas sobre el retorno a un medio de transporte que fue sensacional hace cien años, con inventos y diseños que desafiaron a la imaginación humana, aunque no es el único prototipo que va en serio. También la empresa estadounidense Aeros apuesta por la modalidad del zepelín con su modelo Aeroscraft, cuya viabilidad de flotabilidad fue puesta a prueba el año pasado.

Ese vehículo aéreo, que estaría listo en 2015, tiene sistemas de elevación diseñados con tecnología de punta, podría mover cargas pesadas a largas distancias y de gran tamaño, y representa un costo de combustible inferior al del transporte aéreo tradicional. “Aeroscraft no reemplazará el avión o el helicóptero. En cambio, proporciona una nueva solución a los problemas de transporte de carga comerciales existentes”, precisa la compañía en su portal web.

Un poco de historia

Antes de que irrumpieran con éxito los dirigibles en la historia de la aviación, los globos aerostáticos marcaron la senda de la conquista del cielo. El primer evento público en globo fue el de los hermanos Joseph y Jacques Montgolfier en 1783. Después muchos otros probaron suerte y se realizaron vuelos propulsados, a motor y máquina de vapor. El primer dirigible gobernable fue un invento de Solomon Andrews en 1863, pero el más nombrado es el alemán Ferdinand von Zeppelin, un ingeniero civil y de carrera militar que desarrolló el aerostato dirigible con motor de combustión interna y hélice. Sus aparatos de estructura rígida se utilizaron en misiones de observación y en bombardeos en la Primera Guerra Mundial.

Entre los años veinte y treinta, algunos modelos ganaron reputación, como el Graf Zeppelin (Alemania), el R100 (Gran Bretaña) y el USS Los Ángeles (Estados Unidos). Sin embargo, varios accidentes empañaron la carrera ascendente de esta rama de la industria aeronáutica. Entre los percances figuran el del británico R-101 que en 1930 se estrelló en Francia y dejó 48 muertos, el del USS Akron (ZRS-4) que cayó al mar en 1933 y 73 de sus 76 tripulantes perdieron la vida, y el del alemán LZ 129 Hindenburg que se incendió en 1937.

Hindenburg

La tragedia del LZ 129 Hindenburg, llamado así en honor al presidente alemán Paul von Hindenburg, marcó el fin del uso de dirigibles como transporte de pasajeros. Realizó el primer vuelo en marzo de 1936 y en su época, junto al LZ 130 Graf Zeppelin II, lideraban el top en su categoría: “era más largo que tres Boeing 747 juntos”.

La nave de aluminio medía 245 metros de largo y 41 metros de diámetro, y portaba catorce bolsas de hidrógeno y dos balones de aire. La capacidad era de 200 000 m³ de hidrógeno y su máxima velocidad llegaba a 135 km/h.

En medio de una tormenta, el 6 de mayo de 1937, la potente nave alemana sufrió un aparatoso incendio, por una descarga eléctrica que inflamó la carga de hidrógeno cuando el aparato se disponía a aterrizar en la estación de Lakehurts, Nueva Jersey. Hubo una cobertura mediática sin precedentes, más aún porque la prensa acudió masivamente a cubrir el que fue el primer vuelo transatlántico de pasajeros que arribaba a Estados Unidos. De las 97 personas a bordo, entre pasajeros y tripulantes, 35 perdieron la vida, una cifra insólita considerando la dimensión de un flagelo con el inflamable hidrógeno.


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