Mundo Diners celebra 400 números

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No era Diners a secas. Era la Diners. Salió en la Diners, decían. ¿Leíste la Diners?, preguntaban. Tenía un formato cuadrado, chiquito, grácil y estaba impresa a todo color. No era, sin embargo, una revista chévere, porque hace treinta y cinco años no se usaba esa palabra. Bacana, peor.

Su aparición irrumpió como una novedad no solo por el continente, sino por el contenido. ¿Durará?, se preguntaban porque las revistas culturales en esa época aparecían con la misma facilidad con que desaparecían.

La portada iba ilustrada siempre con la obra de un artista nacional, cuya labor se desmenuzaba luego en la sección Galería. Es que la idea era esa: relievar el arte ecuatoriano, dar importancia al acto creativo de pintores y escultores nacionales y aquilatar su vida y obra con un generoso despliegue, sin remilgos. Una revista para leer. Y también para ver.

Y para viajar por el país mediante unas crónicas amenas que mostraban rincones escondidos, que hasta entonces habían permanecido inéditos. Porque sí: porque había que hacer que los lectores sintieran fascinación por el país, sus costumbres, sus comidas, su música, sus gentes.

Y se encontraran también con algunos personajes que habían contribuido, a lo largo de su vida, con aportes sustanciales para el desarrollo del Ecuador. Para eso se creó la sección Entrevista en que políticos, científicos, intelectuales, empresarios, deportistas exprimían su memoria a través de un diálogo amigable, transparente, fresco.

Pero era más: un lugar que acogía a excelentes escritores que, a través de sus crónicas o sus columnas, marcaban su impronta, sin que para ello importara su edad, su lugar de nacimiento o su ideología. Las páginas se abrían para todos quienes tenían inteligencia para interpretar la realidad y una pluma afinada para narrar.

Así, hasta que un día creció. Cambió de formato y modificó su nombre. Ya no era solo Diners, laDiners, sino Mundo Diners. El horizonte se amplió con la llegada de la revolución tecnológica, Internet y todas esas cosas. Pero no se modificó la esencia: el arte siguió teniendo su lugar en la Galería; los personajes, en la Entrevista, y los recorridos por los más distintos puntos de la remota geografía del planeta en Viajes. Creció también en los nuevos colaboradores que se incorporaron, algunos de ellos muy jóvenes, que trajeron su aliento fresco con un lenguaje renovado y una manera más desparpajada de mirar las cosas. Vinieron también escritores extranjeros de gran nivel, con sus columnas y crónicas.

Treinta y cinco años se dice rápido. Pero lo que no se conoce son los esfuerzos que ha habido que hacer para que la revista siga viva, con su personalidad incólume. Siga dando que hablar. Y que leer.

Así, hasta ahora en que hemos llegado al número 400… que también se dice rápido. Pero que marca un hito: ninguna revista cultural ha durado tanto en nuestro medio, ha mantenido su carácter y ha dejado una huella que resulta imborrable.

Cuatrocientos números. Treinta y cinco años. O al revés: treinta y cinco años y 400 números. Eso es lo que celebramos alborozadamente en esta edición especial.

Acompáñenos, amigo lector, ahora que iniciamos una nueva ruta para llegar al número 800.

Francisco Febres Cordero

Director de Mundo Diners

 


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