Corteo del Circo del Sol, su reino no es de este mundo

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Por María Fernanda Ampuero ///

Fotos: cortesía Circo del Sol / Corteo ///

Más difícil todavía.

La consigna es hacer el espectáculo, el número, la acrobacia, “más difícil todavía”. Es decir, subir la apuesta, arriesgar a hacer una pirueta que se creía imposible, dar un giro inédito hasta que todo el público ahogue una exclamación que parezca salir de una sola gran garganta: ¡Ahhhh! ¡Ohhhhh!

Por eso, alguien que ha visto uno de los shows del Circo del Sol puede quedarse estúpidamente boquiabierto con otro. No es solo brillantez y talento, que también hay mucho de eso, se trata de tiempo: el proceso creativo en el Circo del Sol para cualquiera de sus espectáculos puede tomar hasta tres años, desde las ideas iniciales hasta el estreno.

—Primero, representantes del Circo seleccionan un director con quien discuten las ideas y conceptos propuestos para la nueva creación. Luego buscan los diseñadores para que trabajen con el vestuario, la iluminación, el sonido, el maquillaje, la coreografía, el diseño. Una vez que se ha conformado el equipo, empieza el desarrollo visual, auditivo y temático del espectáculo. Entre nueve a diez meses previos al estreno, llegan los artistas, que son seleccionados por nuestro gran departamento de casting, ubicado en Montreal, y cuya tarea permanente es buscar a los mejores artistas del mundo para cada disciplina. Algunos son gimnastas, otros vienen de circos tradicionales y varios del mundo de la danza y el teatro. Los artistas, entonces, llegan al estudio y empiezan a trabajar en los actos. Dos meses antes del estreno, ensamblan todo en el escenario de altura y preparan el montaje final del show.

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Corteo: la muerte como celebración de la vida

Damas y caballeros, niños y niñas, por favor, ocupen sus asientos, la función va a comenzar:

Imaginemos todo esto en cámara rápida. Ciento treinta personas, entre artistas, técnicos y diferentes miembros del staff, arreglan un escenario con meticulosidad infinita, como quien coloca en su sitio cada cosa del universo. El Circo del Sol llega a Quito con Corteocortejo fúnebre en italiano—, un show de tour, es decir, pensado para una carpa o escenario de techo elevado, que se ve y se siente igual en todas las ciudades en las que ha sido presentado desde su estreno, en Canadá, en abril de 2005. El set, la iluminación y el sonido fueron diseñados para ello, para que la atmósfera —el techo alto, altísimo— envuelva al espectador apenas ponga un pie dentro de la sala.

Los trabajadores se mueven rapidísimo —candelabros como estrellas, camas de bronce con pulcra ropa de cama blanca que vuelan como en Peter Pan, enormes globos de luz, aros, correas, trapecios—, el espacio vacío poco a poco se va convirtiendo en un salón de teatro barroco de colores añejos: un poco salido de un sueño color pastel, un poco París de principios del siglo XX, un poco País de las Maravillas, algo de María Antonieta.

Y también nada de eso.

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Mauro, payaso de profesión, agoniza y en su delirio lo ha mezclado todo: el pasado, el presente, el sueño, la realidad.

—El director artístico de Corteo del Circo del Sol, Mark Shaub, explica así el argumento: “La historia de Corteo se desenvuelve alrededor de un personaje principal, Mauro, el payaso soñador. Cuando Mauro está en su lecho de muerte, ve su vida, y sobre todo, ve a las personas y personajes de esa vida que pasaron por el circo antes que él. El show es una celebración de su vida y los personajes que le rodearon, más que de su muerte. Realmente nunca sabemos si está muriendo en realidad o está soñando que va a morir. La idea es de Daniele Finzi Pasca, el director. Nos enamoramos con la poesía que conlleva la propuesta, por el acercamiento entre la vida y la muerte, y confiamos en la visión de Daniel para esta creación única y hermosa. Luego de diez años de pasear por el mundo y ver tan entusiasmadas a las audiencias, vemos que fue una idea acertada y que estuvimos en lo correcto”.

Lejos de ser un lamento por la pérdida, Corteo es una celebración de la vida, un espectáculo lleno de, aunque suene contradictorio, de una sensualidad nostálgica —luz, color, música, danza, magia— que recuerda a Mauro todo lo que él ha significado para los demás payasos y lo que los otros han significado para él.

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Al estilo de la película de Tim Burton Big Fish, en la que el protagonista, también a altas horas de su vida, recuerda los delirantes compañeros de viaje de su recorrido por el mundo, en Corteo regresan para despedir a Mauro antiguos mentores y amigos remotos, amores, colegas, protagonistas de historias fundamentales que, por esas cosas de la vida o de la muerte, nunca volviste a ver. O sea, todos aquellos a quienes invitarías a tu última fiesta vuelven para celebrar la partida del querido payaso por todo lo alto, para desearle buen viaje, para ser coestrellas en su última función.

Así, con esta pátina de fotografía vintage, tan diferente al colorido rabioso, cegador, que suele caracterizar a los espectáculos del Circo del Sol, Corteo es un viaje a la nostalgia por lo que nunca se ha perdido —el arlequín, las marionetas, el payaso blanco, el ángel— y un homenaje a la voluptuosidad de la alegría, a la idea de que el paraíso, si lo buscas bien, está aquí, en este otro circo que es la vida.


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