Ver para morir: QUE ZHININ

Por Daniela Merino Traversari ///

Fotos cortesía de: Más Arte Galería //7

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No cualquiera se llama Que Zhinin. No cualquiera tienen un nombre así: exótico, sofisticado, sutilmente indescifrable. Es como si sus padres, al ponerle aquel nombre, hubiesen puesto un sello en su destino: artista. La noche de la inauguración de su exposición HomieFAZZ, en Más Arte galería taller, me presenté y lo felicité por su obra. Luego de conversar un rato, me pareció estar frente a un artista interesante, profundo e ingenioso. Rastas, blazer, camiseta de colores. Fácilmente podría estar frente a alguien que transgrede los conceptos de la moda, especialmente dentro del mundo del arte y las galerías pero que, al mismo tiempo, los respeta y les saca el mejor provecho. Quiero decir, bien podría ser el hipster más fashion de Nueva York, o un galerista sobrio y moderno de Hong Kong, Bangkok o Taipéi. Sus rastas le dan esa apariencia bastante ecléctica y relajada; su acento indescifrable acentúa la sofisticación. Sus ojos ligeramente rasgados y el color de su piel me hacen pensar que algo tiene del sudeste asiático, pero también escuché por ahí que sus padres eran alemanes.

Para mi sorpresa Que Zhinin es del Ecuador, exactamente nació en la provincia del Azuay (donde también reside actualmente, en Cuenca), pero es su amplio recorrido por el mundo el responsable de ese cosmopolitismo que emana su obra. Este artista realizó sus estudios en la Universidad de Tel Aviv, Israel y en la Escuela Superior de Arte HKB, en Berna, Suiza. Sus decenas de exposiciones abarcan todo el planeta. Ha expuesto en Europa, Medio Oriente, y ha pasado por el sudeste de Asia y América del Sur. El extenso recorrido académico y artístico alrededor del planeta ha inspirado su obra. Él es el memorable flâneur de Baudelaire, el artista-­poeta de la moderna metrópolis.

PUNTILLISMO CONTEMPORÁNEO

Por toda la galería navegan unas criaturas alienígenas un tanto familiares y un tanto extrañas. Quizá más extrañas que familiares, pero muy extraterrestres, muy animaloides, inventadas por un dios de otro universo que las teletransportó al nuestro. La cuestión es que este mundo no nos es tan desconocido como podría parecernos a primera vista. Hay algo muy humanoide dentro de esta sociedad de seres extravagantes y cuya técnica nos es completamente admirable y asequible.

Estos animalitos, por llamarlos de alguna manera, se encienden cromáticamente con esos colores fosforescentes que aman los niños. Son rosados, amarillos, verdes, fucsias, naranjas, pero de las tonalidades más fuertes e intensas. Y es precisamente el color la puerta de entrada a estos seres que en conjunto forman una misma sociedad, pero de forma individual  conforman un universo en sí mismos. La fuerza cromática que encierran estas criaturas exóticas nos invita a acercarnos a la obra, pues necesitamos verla de cerca, de muy cerca; queremos investigar, queremos ver cómo fue su construcción, queremos mapearla.

El color sirve de ancla para generar el primer acercamiento y descubrir que se trata de un puntillismo inesperado, de una técnica antigua creada por Georges Seurat, y rescatada, hoy, casi 150 años después, bajo otro contexto, pero quizá movida por una intención similar.

En esta sucesión de puntos que forman las figuras alienígenas de Que Zhinin, hay una aplicación metódica y rigurosa del color que cierra la naturaleza libre del instinto a la estructura sólida del orden, transformando el impulso en cálculo y reduciendo las formas únicamente a lo esencial. Cada criatura brotó, literal y filosóficamente hablando, de esa sola figura: el punto.

Sin embargo, también es importante ese soporte de cartón y una serie infinita de adhesivos de colores que utiliza el artista para darle esa forma a sus figuras. Todo es producto de una investigación de técnicas y soportes. Y por esta razón se siente lo prolífico de la pintura clásica, mezclado con la arquitectura, el diseño y lo digital. El trabajo de Que Zhinin es minucioso como la labor de un artesano. Su próximo proyecto será el trabajo de un artesano digital que dará vida a estas figuras a través del mundo de la animación.

UN UNIVERSO DE MIRADAS

Ante estas criaturas, no sé si soy yo quien las observa o si soy yo la que está siendo observada. Que algo va a pasar es lo único que sé. Lo presiento y estoy involucrada con esos cuerpos que tienen manos y dedos gigantes, patas o tenazas muy largas y delgadas, bocas grandes, cuerpos tubulares, aletas y alas que parecen de papel. Sin embargo, hay un elemento que conecta a cada figura: los ojos. Todas las figuras tienen ojos. Sus ojos son humanos y esto nos hace iguales. Ahí, en la mirada, nos encontramos. Ojos grandes, grandísimos, ojos ovalados, redondos, ojos de viejos, ojos de niños, ojos de hombres y de mujeres. Ojos. Un ejército de ojos.

No hay una sola criatura en toda la galería que no posea un par de ojos (o varios). Me seduce una figura rosa, de largos dedos grises. Quiere que me acerque para contemplarme de cerca. Sus enormes ojos (también rosados) se superponen a su cuerpo, son casi dos cabezas independientes. Me aproximo a ella (¿o a él?) a observarla de cerca, a investigarla. Su piel me intriga, pues está llena de círculos diminutos y finos espirales. Pero al hacer todo el recorrido de su cuerpo y llegar a sus ojos, me inunda el encantamiento, aunque también me siento muy perturbada. Me siento erotizada, pero profundamente vigilada.

Cuando fijamos la mirada sobre alguien, transformamos a ese ser en un objeto. Así describe con fascinación su teoría sobre la masculinidad de la mirada en el cine de Hollywood la británica Laura Mulvey. Esto no es Hollywood, pero el acto de mirar sigue cumpliendo su papel. A través de nuestros ojos humanos, que van en búsqueda de la sustancia del arte, les quitamos un poco de vida a estas figuras estrambóticas que parecen danzar por los aires de la galería, las fijamos eternamente en esos cartones o en esos lienzos y las arrancamos de su universo particular.

Pero la realidad es que ellas nos quitan la vida a nosotros, nos convierten en el objeto que fue a la galería en búsqueda de algo para terminar muriendo. Ellas nos asesinan simplemente porque son más, porque están unidas por esa misma mirada, porque son parte de un universo incomparable a todo y a nada, porque practican las reglas del poder de una sociedad. Nosotros, los espectadores, solo poseemos la ilusión del poder.

Espectadores y figuras juntas conforman en la galería un festín voyerista y también exhibicionista. Esta es la esencia más pura de las redes sociales, es el poder y la fuerza que nos dan Facebook, Facetime, Twitter, Snapchat, Instagram, Skype, Line, chat y demás medios que irónicamente nos separan cada vez más, a pesar de tener la intención acortarnos distancias y de unificarnos para volvernos uno y por fin consolidarnos como especie. Y en el universo de Que Zhinin hay todo tipo de miradas que han salido de una imaginación robusta, cargada de quien sabe qué inspiraciones de las metrópolis.

Que Zhinin es sofisticado como sus figuras. Y es un artista auténtico como sus figuras. De pequeño quizás vivió en aquel universo multicolor, de criaturas fantásticas, llenas de colores. Sin embargo, su obra no es tan inocente. Su obra es bella, pero nos da miedo. Pero lo bello dice la verdad. Y en estas figuras hay la verdad de que nunca estamos solos, pero tampoco acompañados. Estas miradas nos persiguen como nos persigue el penetrante silencio de una ciudad vacía.


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