Sexo débil.

Por Milagros Aguirre.

Ilustración Adn Montalvo E.

Firma- Sexo débil- 419Hace unos meses las redes sociales se sa­turaron con historias de “primer acoso” y con­movieron hasta las lágrimas a los cibernautas. La página creada en Facebook para dar voces a las mujeres y sus historias de violencia e inti­midación sobrepasaron cualquier expectativa de una campaña de sensibilización sobre la violencia de género y el machismo imperan­te: no solo las visitas fueron numerosas sino también las mujeres de todas las edades que contaron sus experiencias. En una semana fueron más de veinte mil voces de mujeres las que contaron sin tapujos sus experiencias. Las historias pasaron del acoso a temas mucho más complejos y dramáticos: estupro, viola­ción, violencia, agresión. ¡Y el diccionario de la lengua aún no cambia la definición de sexo débil!

Para ello se ha creado una nueva campaña a los académicos de la lengua en la que se pide que se retire la definición de sexo débil que, según la RAE es “grupo de mujeres” y la de sexo fuerte que es “grupo de hombres”. Y ojalá la RAE haga caso porque, empezando por el parto y siguiendo con todos los dolores de la vida, está más que probado que las mu­jeres de débiles no tenemos… ¡nada!

En estas cosas del lenguaje machista este tema parece mucho más importante que otras divergencias que tienen que ver con el debate sobre el género o el lenguaje inclusivo. Entrar en ese debate es como defender las corridas de to­ros frente a los antitaurinos: inútil pues quienes defienden ese uso del lenguaje inclusivo tienen la cabeza dura y no escuchan argumentos sobre la riqueza del idioma español, que para todo tie­ne palabras. Y palabras bellas. Y palabras sono­ras. Y palabras femeninas y masculinas.

A mí que me perdonen pero soy de aque­llas personas a quienes les duele el ojo cuando ve escrito el los/las en todo texto y, peor, cuan­do ve escrito presidente y presidenta, gerente y gerenta. Peor ahora, que el lenguaje inclu­sivo se ha inventado otras maravillas como la “oa” o la “x” para incluir a todos los demás géneros —todos, todas, todoas y todxs—. Perdonarán nomás pero no puedo con ello. El debate es inútil pero… ¿saben que ente signi­fica: 1. Cosa o ser que tiene existencia real o imaginaria y 2. Organismo, institución o em­presa, generalmente de carácter público? Es decir, presidente quiere decir: quien preside un ente. Y gerente quien gerencia un ente. O sea, la palabra nada que ver con un problema de género sino con la raíz de una palabra, que no es raíz ni femenina ni masculina pues enta no significa nada.

Ya. De acuerdo: lo del sexo débil no le per­donemos a la Academia. Es simplemente inad­misible cuando hay mujeres como Asha Ismail cuya lucha contra la ablación femenina es una muestra de una fortaleza sin igual. Pero, por lo demás, creo que con un poco más de esfuerzo se puede lograr un lenguaje inclusivo, sin ha­cerle pedazos a nuestro idioma pues nuestro idioma tiene todas las palabras para mencio­nar y describir a todas las cosas, a todas las personas y a todas las situaciones.


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