El que borra los símbolos de la estupidez.

Por Jaime Porras.

Corey Fleischer tiene una compañía en Montreal dedicada a borrar grafitis. En sus ratos libres, elimina gratuitamente símbolos y mensajes
de odio hacia judíos, musulmanes, gais y otras comunidades. Desea que Erasing Hate, como llama a su iniciativa, se propague por todo el mundo.

Edición 429 – Febrero 2018.

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Al escuchar lo que cuenta Corey Fleis­cher, uno puede constatar lo mejor y lo peor de los seres humanos: la solidaridad, el valor de la convivencia, los pequeños gestos que dignifican y la empatía; la imbecilidad, la complicidad silenciosa, los estragos de la ignorancia y el veneno de la xenofobia. Fleischer nació hace 36 años en el oeste de Montreal y su corpulencia no pasa desa­percibida: lleva el cráneo afeitado, porta grandes anteojos de pasta y viste siempre de negro. Héroe o ciudadano ejemplar son términos que le incomodan cuando se em­plean para definir sus acciones.

Corey es dueño de Provincial Power Washing, una empresa dedicada a borrar grafitis. En sus ratos libres, Fleischer elimi­na —con sustancias químicas y una potente manguera— símbolos o mensajes de odio dirigidos a musulmanes, judíos, gais y otras comunidades. Lo hace, conviene precisarlo, de forma gratuita. Este canadiense ha nom­brado a su iniciativa Erasing Hate. Gracias a ella ha ganado premios de distintos or­ganismos, da charlas en escuelas y recibe mensajes de personas de otros países que quieren sumarse a este esfuerzo. Mundo Di­ners entrevistó a Corey Fleischer hace unas semanas en Montreal.

—¿Cuándo y por qué comenzó a bo­rrar mensajes o símbolos de odio?

—Fue a finales de 2010. Recuerdo muy bien el momento. Iba conduciendo y vi una esvástica pintada en una calle. No me paré. Llegué a un sitio donde tenía un contrato para borrar unas manchas, pero me sentía mal. Entendí que debía hacer algo al res­pecto. Fue como una iluminación. Volví a la calle donde había visto la esvástica y la borré. Estuve años pensando en el sentido de la vida. Jugaba al hockey, obtuve en la universidad un diploma en estudios de la mujer y, mientras estudiaba, trabajaba los fines de semana en una empresa de limpie­za. Luego abrí mi propia compañía, pero sentía un vacío. Comprendí que borrar todos estos símbolos sería mi principal ta­rea en la vida. A finales de 2014 comencé a subir fotografías y videos a las redes socia­les. La respuesta fue muy grande.

Fleischer---4—¿Cuánto tiempo dedica usted a bus­car y eliminar estos signos? Sabemos que lo hace de forma gratuita…

—Por supuesto que no cobro por ha­cerlo. Preguntémonos algo: si a un mu­sulmán le pintan sobre el muro de su casa un mensaje de odio, ¿además de sentirse insultado, debe pagar por eliminarlo? Es una doble agresión. Yo tengo el equipo y las ganas de hacerlo. Las autoridades mu­nicipales tardan mucho tiempo en borrar estos símbolos en la vía pública. Esto no es bueno. Por eso prefiero actuar rápidamente. Las autoridades no borran estos símbolos en propiedad privada. No exagero: desayu­no, como y ceno pensando en esos mensa­jes. Sueño con ellos. Ya no juego al hockey, hago muy pocas cosas. Se me ha vuelto una especie de adicción. Si no lo hago, pienso que estoy perdiendo el tiempo. Tal vez sea difícil de comprender, pero es un compro­miso muy grande para mí. Hay gente que la pasa mal. Acostumbrarnos a la presencia de estos símbolos no puede ser una opción. Las personas me contactan a través de las redes sociales. Recibo mensajes de gente que pertenece a comunidades directamen­te atacadas, pero también de otras muchas personas que se sienten ofendidas. Vivimos todos en la misma ciudad. Hay que impedir que el odio la contamine. No estoy solo en esta lucha.

—¿Lleva usted la cuenta de todos los mensajes o símbolos que ha borrado? ¿Cuáles aparecen más?

—Han sido muchos. No llevo una cuenta exacta. Creo que tan solo el año pasado fueron alrededor de 1 000. Una vez borré 35 en una sola tarde. La semana pasada fueron cuatro. Calculo que el 85% de lo que elimino tiene que ver con antise­mitismo. La mayoría son esvásticas, pero también frases. Hay que tomar en cuenta que una esvástica no causa malestar úni­camente entre los judíos. Es un símbolo de odio y de muerte hacia otras minorías. Otras cosas que borro son mensajes contra los gais, palabras dirigidas a la comunidad negra, muestras de islamofobia, alusiones al Ku Klux Klan.

—Usted nació en una familia judía. ¿Qué impacto ha tenido esto en su inicia­tiva?

—Efectivamente, nací en una familia judía, pero poco religiosa. Me siento muy orgulloso de mi cultura y llevo una espiri­tualidad a mi manera. No soy un judío ob­servante. Por supuesto que mi relación con el judaísmo ha tenido impacto en Erasing Hate. El antisemitismo no es un tema que tiene pocos años. Cada vez que veo una esvástica, lo siento como un ataque direc­to. Es como si pusieran una foto mía sobre ese símbolo. Hace poco una señora de edad avanzada me ayudó a borrar una esvástica. Es una sobreviviente de un campo de con­centración. Podemos imaginar lo que sentía al ver este dibujo en una calle de Montreal. Está el judaísmo, por supuesto, pero yo in­sisto mucho en que es un problema univer­sal. El odio está dirigido a muchas comuni­dades. Me niego a que todo esto se banalice. Mi iniciativa tiene que ver con cualquier expresión que afecte a un grupo. Esto es un movimiento abierto a cualquiera.

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—¿Cree usted que los símbolos y men­sajes de odio han aumentado en las calles desde la llegada de Trump y de otros polí­ticos que atizan la intolerancia?

—No soy un experto en temas políticos. Trump me molesta, pero la intolerancia y la xenofobia no comenzaron con él. Le echa­mos la culpa de todo. Los mensajes de odio tienen muchísimo tiempo en las calles. Lo más triste es que había una indiferencia hacia estos símbolos. Poca gente protesta­ba. Creo que con la llegada de Trump y de otros políticos con ideas similares la gente ha despertado, en cierta medida. Ahora las personas abren más los ojos ante expresio­nes de odio. Me ha tocado borrar cosas que fueron pintadas en muros y parques hace décadas.

—¿Qué críticas ha recibido usted por su iniciativa?

—Muchísima gente me apoya, pero también hay críticas. Y no son pocas. Todos los sabemos: cuando tu causa gana visibili­dad, también aparecen los señalamientos. Recibo infinidad de mensajes negativos en redes sociales. Unos me dicen simplemente que lo que hago es inútil, que me ponga a ha­cer otras cosas. Otros me acusan de limitar la libertad de expresión. Me parece una estu­pidez muy grande que la gente confunda las cosas. También recibo mensajes de personas que niegan el Holocausto. Reconozco que al principio me sentí muy sorprendido por estos comentarios. Ahora los veo como una motivación para seguir adelante. Las críticas las escucho también en la calle. Una vez es­taba limpiando un símbolo racista. Un señor se me acercó para decirme: “Apoyo lo que usted hace en un 90%”. Es decir, estaba de acuerdo con un 10% de las expresiones de odio. Me cuesta trabajo comprender cómo algunas personas hablan sin reflexionar.

La cita de Corey Fleischer con Mundo Diners se lleva a cabo en un restaurante. Fleischer conoce al dueño desde hace va­rios años. Un platillo lleva el nombre de Erasing Hate. El propietario quiso con ello homenajear la labor voluntaria de su clien­te. En un momento de la conversación, una mesera le pide tomarse una foto. Minutos después, una señora se acerca para felici­tarlo por sus servicios a la comunidad. Su fama no es poca en Montreal y se va incre­mentando en otras latitudes. En agosto pa­sado, una historia en donde figuraba Corey Fleischer apareció en varios medios de co­municación internacionales (BBC, Russia Today, The Huffington Post, entre otros). Fleischer quiso borrar una esvástica en un parque de Pointe-des-Cascades, un pueblo ubicado a 34 kilómetros de Montreal. El al­calde no se lo permitió. La esvástica apare­cía grabada sobre un ancla que perteneció a un buque británico de los años veinte. El político señaló que nada tenía que ver con el nazismo; que era un símbolo que usaban los marineros para atraer la buena suerte. Esta y otras anclas sirven como decoración en el parque.

Fleischer---2—Me gustaría preguntarle sobre lo ocurrido en Pointe-des-Cascades. ¿De­ben borrarse las esvásticas anteriores al nazismo?

—Primero quiero precisar que las an­clas estaban pintadas originalmente de un solo color, pero desde hace tiempo la esvástica fue pintada de negro dentro de un círculo. Con este cambio, se ve eviden­temente como una parafernalia nazi. Es un símbolo de muerte. Alguien se molestó y me llamó. No puede haber un símbolo así en un parque. El alcalde dijo que formaba parte del patrimonio cultural. No lo com­prendo. Por supuesto que este símbolo tie­ne siglos de existencia, pero la realidad es que estamos en Canadá. Aquí se usa con otra intención. Ahora, por lo menos, pinta­ron otra vez el ancla de un solo color.

—¿Qué nos puede decir sobre las con­ferencias que imparte en los colegios?

—Es una actividad que disfruto mu­cho, igual o más que borrar mensajes. Es la primera línea de defensa contra estos men­sajes. Mucha gente debe comprender que sus acciones pueden afectar a otras perso­nas. Uno no puede ignorar ciertas cosas. La indiferencia no es algo bueno. Debemos parar este círculo de odio. También me in­teresa mucho compartir mi experiencia. Inculcar entre los jóvenes la búsqueda de proyectos que los inspiren, que pasen a la acción.

—¿Qué planes tiene usted para ex­pandir su iniciativa?

—He logrado sumar muchos apoyos en otras ciudades canadienses y en Estados Unidos. Gente de California, Nueva York, Florida y de otros estados me contactan fre­cuentemente. Trato de apoyar en lo que pueda. Les digo que etiqueten sus acciones como Erasing Hate en las redes sociales, les brindo consejos técnicos sobre las sustan­cias que hay que utilizar, trato de comuni­carme con las autoridades de esos lugares para saber si pueden eliminar símbolos. Me han contactado también de Europa, África y Asia. Tengo comunicación con gente de Australia. Recibo mensajes de Argentina, Brasil, Perú. Somos el primer movimiento mundial que ubica y borra gratuitamente símbolos y mensajes de odio. Estamos cre­ciendo pero, por supuesto, necesitamos más apoyo. Es un trabajo gratuito, pero cla­ro que el dinero de las donaciones puede ayudar. Es muy grande el poder de las redes sociales para este proyecto. La idea es crear un movimiento integrado por ciudadanos que no dependa de las decisiones de los Go­biernos.


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