El Museo Nacional, un proyecto desbordado.

Por Diego Cazar Baquero.

Fotos: cortesía Museo Nacional.

Edición 431- abril 2018.

Cartel que anuncia la reapertura del MUNA para el 18 de mayo de 2018, Día Internacional de los Museos.

Cartel que anuncia la reapertura del MUNA para el 18 de mayo de 2018, Día Internacional de los Museos.

Luego de un enredado proceso de reorganización, el Museo Nacional debería volver a abrir sus puertas en mayo de 2018. En su historia, como en la del Ecuador, hay capítulos de bonanza y de caos.

 

Con la influencia directa de Europa y de sus museos nacionales, los líderes de las repúblicas nacientes de América Latina buscaron, durante los siglos XIX y XX, mecanismos para construir también historias e identidades propias. Había que articular una memoria y promocionar un modo de ser auténtico. Símbolos patrios, una moneda, héroes, mitos y leyendas, literatura y música estaban al servicio de una misión: construir identidad. Y el museo, como institución cultural encargada de elaborar esos discursos, fue clave en muchos países de la región.

Con ese propósito nació, en 1822, el Museo Nacional del Perú, tras un año de la firma del Acta de Independencia de la Corona española. El 28 de julio de 1823 se fundó el Museo Nacional de Colombia, dos años después de que se consumara su conflictivo proceso independentista. En 1825 se creó el Museo Nacional Mexicano, cuatro años después de que se firmara el Acta de Independencia. Ecuador tuvo que esperar ocho años de inestabilidad (después de que, con la batalla de Pichincha, en 1822, consiguiera liberarse del yugo español pero fuera adherida a la Gran Colombia) para, en 1830, reconocerse como una república independiente. Apenas en 1969, 139 años después de su nacimiento, el país tuvo un museo. Fue el Banco Central del Ecuador (BCE) el que decidió crear un espacio que conservara y exhibiera colecciones prehispánicas. Los bancos centrales en varios países de América Latina fueron pioneros en la tarea de acopiar, organizar y exhibir bienes culturales. Ocurrió en Chile, en Costa Rica, en Colombia, en Venezuela, en Bolivia.

El primer museo del Ecuador

El BCE, creado en 1927 durante el Gobierno del médico lojano Isidro Ayora, en su afán de respaldar la mitad de la reserva monetaria nacional con el patrón oro, había adquirido colecciones privadas de piezas prehispánicas que contenían ese metal para que fueran fundidas. Nadie puede determinar cuántas piezas se convirtieron en lingotes hasta que en 1938 Guillermo Pérez Chiriboga, entonces gerente del banco, dispuso embodegar todas las piezas de metalurgia precolombina y las monedas coloniales que quedaban. En 1946 el científico especializado en química Julio Aráuz, quien trabajaba como director del laboratorio de ciencias del banco, pensó que estos bienes debían conservarse y logró que se suspendiera toda fundición. Así se formó el primer acervo museal del Ecuador, un tanto por intuición y sorteando dos crisis mundiales que repercutieron en la economía local: la Gran Depresión de 1929 y la Segunda Guerra Mundial.

Hernán Crespo Toral, junto a Corina del Parral de Velasco Ibarra, primera dama de la nación, y el presidente José María Velasco Ibarra, en el Museo del Banco Central del Ecuador, 1969.

Hernán Crespo Toral, junto a Corina del Parral de Velasco Ibarra, primera dama de la nación, y el presidente José María Velasco Ibarra, en el Museo del Banco Central del Ecuador, 1969.

Por esos años, Hernán Crespo Toral era el único museólogo en el país y, según dicen en la actualidad quienes se convirtieron en sus discípulos, el único verdaderamente interesado en dedicar su vida al oficio. Por eso viajó a la Escuela de Louvre, en París, para perfeccionar sus conocimientos de museología, y más tarde obtuvo una beca Unesco con el mismo propósito. Mientras Crespo estudiaba, la colección del BCE se incrementaba gracias a donaciones y a varias compras a coleccionistas privados: el suizo Max Konanz, el político quiteño Luis Felipe Borja, el poeta cuencano Luis Cordero Dávila o el comerciante alemán Wilhem Baum.

Las piezas de esa primera colección reposaron en un ostentoso edificio de hormigón de estilo academicista ubicado en el casco colonial de Quito. Allí fueron evaluadas y clasificadas, hasta que en 1969, ya en el moderno inmueble frente al parque La Alameda, adonde las oficinas del banco se habían mudado un año antes, Hernán Crespo Toral, ya de regreso en el Ecuador, inauguró el Museo Arqueológico y Galerías de Arte, antecedente de lo que años después sería oficialmente el Museo Nacional. Nombrado director de la flamante institución, Crespo se hizo cargo de los primeros procesos de inventario con la colección ampliada. “La idea impulsora de los gestores del Museo —decía una presentación en el sitio web del Banco Central— fue procurar que el Ecuador tuviera asideros fundamentales, pruebas tangibles y testimonios reales en los cuales afincar y consolidar un concepto de nación”.

El museo en el boom y en la crisis

En la década de los setenta llegó el boom petrolero, la bonanza más grande conocida en la vida moderna del país. Solo en 1972, el Estado ecuatoriano exportó 42 millones de barriles de crudo, una cantidad que equivalía a todo lo exportado entre los años treinta y los cincuenta. Las ciudades crecieron, autos nuevos rodaban por amplias avenidas y trepaban puentes recién inaugurados. Las viviendas alcanzaban los cuatro pisos y los edificios de oficinas veinte o más. Había dinero en las arcas fiscales y, por fortuna, quedaba una buena parte para robustecer la colección del Banco Central.

La salud de la colección dependía del buen genio de los banqueros y de los precios del petróleo. Mientras el Estado tuviera dinero, el Museo del Banco Central —como se lo empezó a llamar entonces— tendría vida. El BCE aprovechó estos años para costear las necesidades que Crespo señalaba. Así se logró constituir en 1973 una comisión en Guayaquil, conformada por Olaf Holm, historiador danés que era director del Museo Antropológico de esa ciudad; la escultora Yela Loffredo y el pintor Enrique Tábara, ambos guayaquileños. La comisión se encargó de velar por el patrimonio artístico y de adquirir colecciones de piezas de cerámica y metalúrgicas. En 1978 Crespo creó el Centro de Investigación y Cultura, que devino dos años después en el Museo del Banco Central de Cuenca. Se rescataron sitios arqueológicos monumentales como Ingapirca, en la provincia de Cañar; Pumapungo, en Azuay, y Tulipe, en Pichincha. Conventos, templos y viviendas coloniales fueron rescatados de la destrucción, y se levantó una gran parte del registro impreso y audiovisual sobre el patrimonio cultural nacional. El trabajo emprendido en este período permitió conformar los primeros fondos de arqueología, numismáticos, etnográficos, de arte colonial y republicano y de arte contemporáneo.

Pero llegaron los años ochenta y con ellos las políticas económicas dieron un vuelco. El estilo de gobierno del socialcristiano León Febres Cordero, cuyo apego a la cultura era escaso, no contemplaba planes tan generosos para ese sector. En 1987 Crespo Toral y parte de su equipo renunciaron a sus funciones en los museos del Banco Central. Febres Cordero había ordenado que 15% de los recursos que el Banco Central destinaba a su área cultural fueran asignados al Fondo Nacional de Cultura, una nueva entidad que era más bien un gesto populista. Además, el terremoto del 5 de marzo de 1987 asestó un combazo a la ya desnutrida economía del país; la inflación creció en 87,5% y los precios del petróleo se redujeron. Como consecuencia, la gestión cultural decayó.

Fue entonces que se empezó a discutir la posibilidad de un nuevo museo, reconceptualizado y con dispositivos educativos adecuados a las necesidades de sus públicos. En 1991 el Museo del Banco Central dejó de funcionar en el edificio matriz de la institución, y en 1992 se trasladó a la Casa de la Cultura Ecuatoriana y ocupó áreas más amplias. El nuevo espacio fue inaugurado en 1995.

Mascarilla zoomorfa laminada “felino-mono”. Cultura Tolita.

Mascarilla zoomorfa laminada “felino-mono”. Cultura Tolita.

El período correísta

En 2007, poco después de subir al poder, Rafael Correa lanzó sus primeras puyas contra el manejo que el Banco Central, una entidad de política monetaria venida a menos tras la dolarización, hacía de los bienes culturales, y también contra la Casa de la Cultura, una institución que concentraba la mitad de su presupuesto en su matriz en Quito y que repartía la otra mitad entre sus veintitrés núcleos provinciales. En 2007 Correa mandó a crear el Ministerio de Cultura y nombró al poeta Antonio Preciado primer ministro de Cultura en la historia del Ecuador. Preciado era el autor de varias obras colosales, pero no un administrador de la cosa pública. Después de un año en el cargo, renunció sin ningún mérito. Luego pasaron por el sillón ministerial músicos, escritores, académicos, periodistas. Diez ministros en diez años. Ninguno logró consolidar una estructura de política cultural asida al marco constitucional que el mismo Gobierno había propiciado en 2008 en Montecristi, cuando se elaboró la nueva Constitución.

El 14 de octubre de 2010, luego de ocho décadas de haberlos tenido a su cargo, el BCE entregó al Ministerio de Cultura dieciocho museos, siete bibliotecas y un archivo fotográfico, entre otros bienes ubicados en Quito, Guayaquil y Cuenca. Entonces volvió a nacer la vieja idea de renovar el Museo Nacional, pero no pasó

Virgen de la Luz. Autor anónimo, siglo XVIII. Escultura encarnada y policromada.

Virgen de la Luz. Autor anónimo, siglo XVIII. Escultura encarnada y policromada.

de ser una idea. Para María Elena Bedoya, exdirectora de Conservación y Desarrollo del Patrimonio del Ministerio de Cultura, el que la reconfiguración del Museo Nacional haya enfrentado tantos escollos durante la época correísta responde a un afán de eliminar los procedimientos pasados. “Bajo la lógica de ‘refundar’ todo —dice— se echaron abajo varias décadas de procesos que el Banco Central había iniciado, profesionalizando a mucha gente del sector. Son decisiones políticas y tienen sus responsables”. Pero la decisión política más determinante, añade Bedoya, es “el absurdo de haber cerrado el Museo Nacional en noviembre de 2015. Ese fue el peor error político en Cultura en los últimos años”.

En noviembre del 2015, con Ana Rodríguez como la octava ministra de Cultura, el Museo Nacional cerró sus puertas. Miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a cargo del encuentro internacional Hábitat III, que se desarrollaría al año siguiente, dispusieron el desalojo total de las instalaciones de la Casa de la Cultura para que quedaran a su entera disposición. El 1 de agosto de 2016, el Ministerio de Desarrollo Urbano y Vivienda y la Asamblea Nacional firmaron un convenio en el que se contemplaba un “territorio Hábitat”, una especie de zona franca bajo órdenes de la ONU, dentro del cual estaban las instalaciones de la CCE. “El plan no era cerrar el Museo Nacional”, dice Rodríguez, quien ocupó el cargo entre abril de 2015 y abril de 2016. Pero se lo cerró, y ya que se lo hizo, añade la exministra, “el museo tenía que reconfigurarse, no se lo podía volver a montar como estaba, no solo porque no se había actualizado la museología, sino porque debía ser un museo [inscrito] en el contexto de una constitución con conceptos distintos a aquellos con los que fue concebido. La pregunta sobre el carácter nacional del museo es una pregunta que la academia y ese espacio se venían haciendo por mucho tiempo”.

“En el sector cultural se ha perdido el límite entre los procesos técnicos y el mero ejercicio político”, dice María Elena Bedoya, y las cifras parecen darle razón. Según datos de la Subsecretaría de Memoria Social, los presupuestos anuales del Ministerio de Cultura no se utilizaron completamente en la mayor parte de los períodos fiscales, y los montos asignados fueron recortándose cada año. Si en 2011 se invirtieron 1 221 090,30 dólares en museos, bibliotecas y archivos del Ministerio de Cultura, en 2014 esa cifra se redujo a 1074186,25 dólares. En 2013 de los casi 47 millones asignados a esta cartera se ejecutaron poco menos de 32, y en 2014, de los casi 68 millones asignados, se ejecutaron un poco menos de 62. Para 2016, tras la fuerte caída de los precios del petróleo que provocó que 2015 fuera un año de severos ajustes, el Ministerio de Cultura recibió un presupuesto de 62 278 208,46 dólares. El sector audiovisual, el más dinámico del país luego del editorial, recibió solo 1500000 dólares, mientras que en 2015 había recibido 3715 000.

Durante los diez años de Gobierno de Rafael Correa, la entidad gastó alrededor de 600 millones de dólares, sin que eso bastara para consolidar el Sistema Nacional de Cultura, la estructura que, por mandato constitucional, debe regir el funcionamiento de todo el sector cultural. Los recursos públicos se convirtieron en dádivas clientelares o en eventos proselitistas, y la expectativa de los actores culturales quedó sepultada. El Museo Nacional es un síntoma de cómo se ha tratado a la cultura en el Ecuador, y lo es de forma más evidente ahora, luego de diez años de contar con un ente rector que ha dedicado su gestión a reproducir la dinámica clientelar practicada durante décadas por la Casa de la Cultura Ecuatoriana. “Yo considero que nunca hubo un Museo Nacional —dice el actual ministro de Cultura, Raúl Pérez Torres—. Yo creo que estos diez años anteriores fueron nefastos para la cultura y para el sector cultural”. Pérez parecería no recordar que el Museo Nacional ocupó los espacios de la Casa de la Cultura desde 1992, y que él fue el presidente de esa institución en dos períodos, de 2000 a 2004 y de 2012 a 2016. Ahora que es ministro, Pérez se adjudica la voluntad de querer revivir el Museo Nacional con una nueva visión, e incluso hace un mea culpa: “Hemos estado equivocados, pero hemos comprendido que mejor es trabajar juntos. La Casa de la Cultura es un espacio para todos, y este es el momento en el que nos ampara a todos los ecuatorianos una Ley de Cultura que dice que el Sistema Nacional de Cultura tiene que trabajar integrado. ¡Qué mejor!”.

Curiquingues. Diógenes Paredes, 1965. Óleo sobre lienzo.

Curiquingues. Diógenes Paredes, 1965. Óleo sobre lienzo.

 

Pachamama. Mena Franco, 1945. Óleo sobre lienzo.Ibarra, primera dama de la nación, y el presidente José María Velasco Ibarra, en el Museo del Banco Central del Ecuador, 1969.

Pachamama. Mena Franco, 1945. Óleo sobre lienzo.Ibarra, primera dama de la nación, y el presidente José María Velasco Ibarra, en el Museo del Banco Central del Ecuador, 1969.

La dilatada reapertura

Luego de un enredado proceso de reorganización, el renovado Museo Nacional debería volver a abrir sus puertas en mayo de 2018. Tras haberse evaluado las distintas consultorías que el ministerio ha encargado con este propósito, se acogió la propuesta de María Fernanda Cartagena y Christian León “porque la experiencia de ellos en temas museales es probada, porque trabajan sobre la museología crítica y sobre todo porque es la única propuesta conceptual”, explica Ivette Celi, subsecretaria de Memoria Social del Ministerio de Cultura, la dependencia encargada de custodiar la colección nacional. El proyecto interpela críticamente al concepto de nación a través de dos ejes temáticos: Territorio, economía y trabajo, y Poder político y participación social. Cartagena y León desarrollan las tesis que ambos plasmaron en El museo desbordado. Debates contemporáneos en torno a la musealidad, una investigación que promueve una mirada descolonizadora de la nación, procesos educativos alrededor del museo y una presencia activa de los ciudadanos, ya no como simples espectadores de un guion impuesto. La historiadora Valeria Coronel, una de las principales gestoras de la reconceptualización del Museo Nacional, cree que si en este país se puede hablar de lo nacional es porque su historia se fundamenta “en la participación política de comunidades afrodescendientes y comunidades indígenas en los procesos de formación de los partidos y del Estado”. Por tomar en cuenta dichos procesos, la propuesta de Cartagena y León goza de un consenso significativo.

Si bien la anunciada reapertura pareciera poner término a un capítulo colmado de trabas, quedan preguntas que solo el tiempo podrá responder. ¿Será capaz el Museo Nacional de interpelar al mismo poder estatal que luego de entorpecerlo le permite renacer? ¿Será capaz el Museo Nacional de consolidar la Red Nacional de Museos y de mantenerse en diálogo con los museos de Cuenca, Guayaquil, Manta y el resto del país? ¿Habrá lugar para los miles de migrantes en una idea actual de nación? ¿Cuál es el lugar que la nación otorga a las diversidades sexuales? ¿Bastará un museo para explicarnos como nación?

Vaso motivo antropo-guerrero. Cultura Jama-Coaque.

Vaso motivo antropo-guerrero. Cultura Jama-Coaque.

MUSEO NACIONAL

• Fundado en 1969 por el Banco Central del Ecuador (BCE), con el nombre de Museo Guillermo Pérez Chiriboga.

• En 1992 se traslada al local del edificio de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y se denomina Museo Nacional del Banco Central del Ecuador.

• Desde 2010 está a cargo de la Subsecretaría Técnica de Memoria Social del Ministerio de Cultura y Patrimonio.

• Es la mayor institución museística del país. Tiene colecciones de bienes ancestrales, coloniales y contemporáneas, en una superficie de 5000 metros cuadrados.

Memoria--0COLECCIONES

• Oro prehispánico del Ecuador

• Arte colonial

• Arte decimonónico

• Arte contemporáneo

SE EXHIBEN

• 1 250 piezas arqueológicas

• 500 obras de arte colonial y decimonónico

• 170 obras de arte contemporáneo

Balsa con navegantes. Cultura Bahía. Plata.

Balsa con navegantes. Cultura Bahía. Plata.

ETAPAS

Primera (1970 a 1990)

• En manos del BCE y en su edificio, este museo fue el referente de la cultura y patrimonio del país. Se conforman los fondos de arqueología con 100000 objetos; arte colonial y republicano con 5094 piezas, y arte contemporáneo con 2542 obras.

Segunda (1990 a 2010)

• Pasa al edificio de la Casa de la Cultura en 1992 y es inaugurado en 1995, por el entonces presidente Sixto Durán Ballén, con salas de arqueología, oro, arte colonial decimonónico, arte contemporáneo y sala del mueble colonial y republicano.

Tercera (2010 en adelante)

• El Museo Nacional del Banco Central pasa al Ministerio de Cultura. Se reinaugurá en mayo de 2018.

 


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