Klimt, Schiele, Wagner y Moser.

Edición 431 – abril 2018.

Cuatro grandes maestros de la renovación que enarboló el “modernismo vienés”.

 

Arte, arquitectura, literatura, música, ciencia y filosofía prosperaron en la socie­dad vienesa de finales del siglo XIX y princi­pios del XX. Gustav Klimt y Egon Schiele en la pintura, Otto Wagner en la arquitectura y Koloman Moser en el diseño gráfico fueron algunos de los protagonistas de esa época, en diferentes espacios creativos, pero con una misma fecha al final de sus vidas. Todos murieron en 1918.

Cronos--1Muy rara vez semejante coincidencia reúne a íconos del arte; por ello, Austria con­cibió durante este año un extenso programa de exposiciones y actos para honrar los cen­tenarios de estos cuatro grandes maestros y a la vez realzar el elemento común que los une: el legado modernista de la capital vienesa.

Klimt fue el abanderado indiscutible de la vanguardia artística, Schiele asombra aún con  controvertidas obras expresionistas, mientras Wagner fue el visionario de una metrópoli en crecimiento y Moser el polifacético diseñador gráfico del cambio de siglo antepasado, co­mentó a propósito de la conmemoración Nor­bert Kettner, director de la Oficina de Turismo de Viena (Wien Tourismus).

Pero el ocaso de ese despertar artístico sobrevino con la Primera Guerra Mundial y la anexión austríaca a la Alemania nazi en 1938. Al final, Viena se tambaleó entre “be­lleza y abismo”.

Al Café Museum concurrían Klimt, Schiele, Kokoschka, Wagner y Loos.

 Al Café Museum concurrían Klimt, Schiele, Kokoschka, Wagner y Loos.

La llamada “Viena de 1900” era una me­trópoli cultural influyente en Europa orlada de vanguardias pictóricas, escénicas y litera­rias, y de notable desarrollo urbano. Era la Viena del lenguaje psicológico pictórico de Oskar Kokoschka, de la música dodecafóni­ca de Arnold Schönberg y la ópera sinfónica revolucionaria de Mahler, de la nueva estéti­ca arquitectónica de Josef Hoffmann, Joseph Maria Olbrich y Adolf Loos, de las polé­micas teorías del psicoanálisis de Sigmund Freud y audaces piezas teatrales de Arthur Schnitzler.

En esta “era dorada” los artistas fueron los precursores y los Talleres Vieneses (Wie­ner Werkstätte) propagaron un estilo atem­poral en la vida cotidiana, porque “pusieron al descubierto la oxidada monarquía de los Habsburgo y retrataron en sus obras el fraca­so de la política liberal que sucedió a la gran crisis financiera de 1873”, señala el material informativo de la Wien Tourismus.

También se renovaron salones y cafés de la ciudad con la vitalidad de artistas, litera­tos, intelectuales, científicos, médicos, em­presarios y académicos. Incluso las mujeres pusieron por primera vez sobre el tapete el tema de la emancipación.

Berta Zuckerkandl, famosa salonnière vienesa.

Berta Zuckerkandl, famosa salonnière vienesa.

“Por ambiciones en el campo político, artístico, intelectual o solo social, las libre­pensadoras se organizaron en círculos. Las mujeres progresistas de la burguesía se li­beraron de las convenciones, ampliaron su campo de acción y apostaron por su in­telecto. Supieron entender el espíritu de su época y aprovecharon esta oportunidad. Lo que nació entonces fue el arquetipo de la red social: el salón vienés”, explica la revista Be­lleza y abismo, una publicación oficial para la celebración centenaria.

Además de Berta Zuckerkandl, cuyo salón era frecuentado por músicos, poetas y pintores, la compositora Alma Mahler-Wer­fel, célebre por femme fatale, y la diseñadora de moda Emilie Flöge, musa y pareja senti­mental de Klimt, se destacaron las feminis­tas Marie Lang y Rosa Mayreder, las pintoras Tina Blau y Marie-Louise von Motesiczky, la bailarina Grete Wiesenthal, las ceramistas Vally Wieselthier y Susi Singer, y la fotógrafa Trude Fleischmann, entre muchas otras.

 

EL BESO, 1907–1908.

EL BESO, 1907–1908.

GUSTAV KLIMT (1862–1918)

El simbolismo, sensualidad y belleza de sus re­tratos ornamentados con pan de oro, sobre todo de mujeres, son grandilocuentes del arte mundial y del modernismo europeo. Klimt en un principio fue de­corador de interiores y a lo largo de su vida no solo pintó retratos, fue también un excelente paisajista.

Cumplió varios encargos para familias ricas, judías y liberales. Uno de esos casos expone la película La dama de oro sobre la recuperación de la pintura Ade­le Bloch-Bauer I que había sido robada por los nazis y desde 2006 exhibe la Neue Galerie de Nueva York.

El beso, Friso de Beethoven, Vida y muerte y Judith I son algunas de las obras más aclamadas del artista austríaco, cofundador en 1883 de la Compa­ñía de artistas y primer presidente en 1897 de La Se­cesión, un movimiento independiente que promovió a jóvenes artistas. El edificio de La Secesión conserva en su fachada el lema “A cada tiempo su arte. A cada arte su libertad”.

Klimt murió el 6 de febrero de 1918 de un in­farto cardíaco. La colección pictórica más relevante reposa en salas del famoso palacio vienés Belvedere (veinticuatro pinturas).

 

SQUATTING FEMALE NUDE, 1910.

SQUATTING FEMALE NUDE, 1910.

EGON SCHIELE (1890–1918)

Pintor, dibujante y poeta, es uno de los gran­des exponentes del expresionismo austríaco junto a Oskar Kokoschka. Contó con el apoyo de Klimt y dejó entrever en sus primeros trazos la influencia de su maestro.

Si bien “rompió con la belleza y la elegancia del modernismo vienés, se mantuvo fiel a la delica­deza de sus líneas y a la opulencia de los colores”, y también escandalizó a la Viena de 1900 por su “arte degenerado”.

Una parte de su producción artística se carac­terizó por poses provocativas y gestos exagerados, y traspasó barreras morales con cuadros de desnudos explícitos y un erotismo que aún son vetados en pleno siglo XXI: en Reino Unido y Alemania fue cen­surado un proyecto vienés de promocionar con des­nudos originales del artista una reciente exposición del museo Leopold de Viena que posee su legado más importante: 40 pinturas y 180 obras en papel.

Cien años después de su prematura muerte (31 de octubre de 1918) con apenas veintiocho años, víc­tima de la gripe española, Schiele revive con osadía implacable en “la introspección, la autoescenificación y el cuestionamiento del cuerpo y la sexualidad”.

 

CAJA POSTAL DE AHORROS DE AUSTRIA.

CAJA POSTAL DE AHORROS DE AUSTRIA.

OTTO WAGNER (1841–1918)

Personificó el tránsito del historicismo a la modernidad con edificaciones acordes al progreso y dinamismo de Viena. Su visión radical fue tildada de “provocación” por sectores conservadores e incluso fue una razón para rechazar varios de sus proyectos.

“Wagner reconoció que una arquitectura histo­ricista obsesionada con el pasado estaba en contra­dicción con la dinámica política, económica y social de su tiempo, y en respuesta diseñó una arquitectura radiante y racional del futuro que se basó en la relación entre la función, la estructura y los nuevos materiales de construcción”, precisa el Museo de Viena.

“Lo que no es práctico no puede ser bello”, dijo el creador de la Caja Postal de Ahorros de Aus­tria, la iglesia de San Leopoldo en Steinhof, estacio­nes de trenes (líneas U4 y U6 del metro actual), el canal del Danubio y edificios en la calle Wienzeile.

Wagner, quien murió el 11 de abril de 1918 por una infección de erisipela, influyó en varias genera­ciones como catedrático en la Academia de Bellas Artes y con la publicación de sus teorías.

El Museo de Viena presentará hasta octubre próximo la primera exposición de envergadura de­dicada en más de 50 años a este gran visionario de la arquitectura.

 

VIDRIERAS DE LA IGLESIA DE SAN LEOPOLDO EN STEINHOF.

VIDRIERAS DE LA IGLESIA DE SAN LEOPOLDO EN STEINHOF.

KOLOMAN MOSER (1868–1918)

Polifacético es la palabra que mejor define a Mo­ser, un hombre que estudió pintura y arte decorativo, abrazó revolucionarios ideales estéticos y dejó profun­da huella en el diseño gráfico internacional.

Llevó la creatividad gráfica a la encuaderna­ción de libros, papel pintado, carteles, telas, vitrales, cerámica, platería, joyería y muebles. Su trabajo se aproximó al art nouveau francés y belga, y luego pasó al diseño “más sereno, geométrico y sencillo”.

Impartió clases en la Escuela de Artes Apli­cadas de Viena y cofundó La Secesión, en la que diseñó una docena de exposiciones y se encargó de la revista Ver Sacrum. Junto al arquitecto Josef Hoffmann y el industrial Fritz Waerndorfer fundó los Talleres Vieneses, espacio que privilegió la calidad artística en la producción de objetos cotidianos.

Tras retirarse de estos últimos en 1907, se de­dicó a la pintura y expuso tanto en Austria como en el exterior. Falleció el 18 de octubre con cáncer de laringe.

La obra de quien “no tuvo rival en la Viena de 1900”, por su peculiar estilo en ilustraciones y tipo­grafía, se puede apreciar en el Museo Austríaco de Artes Aplicadas / Arte Contemporáneo y en el Museo Leopold.


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