Veinte párrafos clandestinos de los mundiales.

Por Vladimir Stoitchkov.

Edición 433 – junio 2018.

Historias inéditas desde Uruguay hasta hoy.

El fútbol es un simulacro de la realidad con todas sus imperfecciones. Ofrece algo más allá de la pura diversión: la posibilidad de vivir otra vida, en otra dimensión, con otra identidad (aunque temporal). Se mantiene en suspenso, porque nunca se sabe qué va a pasar. Y se retroalimenta de historias llenas de glorias y lágrimas. Historias infinitas que, como las matrioshkas, salen una de la otra. Es cierto que a veces los recuerdos se funden con la imaginación, pero no pasa nada porque, citando a Jorge Volpi, “la ficción crea realidad”.

 

Desde luego, yo también quería ser futbolista. Todos lo deseaban en aquellos años en mi país, Bulgaria. Pero no todos estábamos dispuestos a cambiar el placer por el dolor. Por eso me quedé en las gradas. Y de tanto observar partidos descubrí que el fútbol tiene una vida invisible que (no siempre) es parte del juego y del resultado. Así que de eso se tratan las próximas líneas, de veinte minihistorias invisibles —una por cada mundial— que acompañaron el espectáculo. Vamos en orden.

UNO. En 1930 Argentina también tenía su Messi. Se llamaba Manuel Ferreira, le decían Nolo y era un hombre multifacético. En la olimpiada de Ámsterdam (1928) cumplió los papeles de capitán y de entrenador de la selección, por lo que lo apodaron el Piloto. Pero sus intereses no se reducían a la cancha, también quería ser escribano. Por eso, en pleno mundial en Uruguay, faltó al partido contra México porque coincidía con su examen final en la universidad. En fin, todo salió bien: Argentina ganó (6 a 3) y su máxima figura se graduó. Años más tarde, Nolo admitió que los profesores le aprobaron el grado por ser mundialista.

• DOS. Un líder (Mussolini), un partido (Nacional Fascista), un pueblo (Italia) y una meta: ganar el mundial en la propia tierra. Pero para jugar en el Mundial de Fútbol 1934, incluso el anfitrión tenía que pasar por eliminatorias. Le tocó con Grecia. En el partido de ida Italia logró un 4 a 0, pero con trampa: utilizó dos jugadores argentinos (Luis Felipe Monti y Enrique Guaita) y un brasileño (Amphiloquio Marques) que no cumplían con los requisitos de la FIFA para ser nacionalizados. De todas formas, la diferencia de goles no valía y cualquier victoria griega en la revancha provocaría un tercer partido de desempate. Empero, no hubo ni reclamo ni partido de vuelta. Los griegos comunicaron que, para evitar una segunda humillación, se negaban a jugar. Sí, sonaba sospechoso y lo era. Sesenta años más tarde se comprobó que la Federación griega había aceptado de los italianos una casa de dos pisos en pleno centro de Atenas. Había sido pagada con aquel autoboicot en la eliminatoria.

arg-1-fran-0--manuel-ferreyra-y-angel-bossio---getty-images-fifa-comManuel Ferreira y Ángel Bossio encabezan la salida argentina, 1930.

TRES. Asia se unió a la familia mundialista en 1938 con las Indias Holandesas Orientales (hoy Indonesia) y los franceses aún lo recuerdan. Como anfitriones del campeonato, ellos tenían que pagar todos los gastos de los invitados. La exótica participación les costó 400 mil francos, una pequeña fortuna en esos tiempos. Además, el equipo asiático fue eliminado enseguida por Hungría (0 a 6) y se convirtió en la única selección que disputó un solo partido en un mundial. Es decir, Francia pagó 4 500 francos por cada minuto jugado, con muy baja calidad.

CUATRO. Ya sabemos la historia del Maracanazo de 1950. Pero antes de eso hubo otro papelón, relacionado con los mismos fundadores del fútbol contemporáneo. En la fase de grupos, los ingleses perdieron con Estados Unidos (0 a 1). El único tanto fue realizado por el haitiano Larry Gaertjens, quien ni siquiera se había nacionalizado estadounidense. La sorpresa fue tan grande que, cuando la agencia Reuters difundió la noticia por télex, varios periódicos británicos la tomaron por un error tipográfico y publicaron, con el respectivo orgullo, que Inglaterra había ganado 10 a 1. Mientras, el New York Times optó por no publicar nada, porque creyó que se trataba de una broma.

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CINCO. El mundial de 1954 se jugó en Suiza que, según la Federación escocesa, era un país montañoso donde siempre hacía frío. Por esta razón compraron a su selección camisetas de gruesa lana con manga larga. Vestidos como esquimos, los escoceses, debutantes en el mundial, perdieron con Austria (0 a 1) y con Uruguay (0 a 7). Ambos partidos se jugaron a una temperatura de casi 40 °C, en pleno verano helvético.

SEIS. Para debutar en el mundial de 1958 Irlanda del Norte eliminó nada menos que a Italia pero, luego, seis de sus jugadores se negaron a participar en el campeonato porque los partidos estaban programados para el domingo y coincidían con la misa. Aunque con una selección reducida a dieciséis jugadores, Irlanda del Norte llegó a los cuartos de final donde perdió con Francia (1 a 3).

SIETE. El partido contra España (1962, fase de grupos) era decisivo, pero el entrenador mexicano, Ignacio Trelles, estaba sancionado y no podía sentarse en la banca. Lleno de impotencia, a Trelles se le ocurrió disfrazarse de fotógrafo. Se ubicó detrás del arco mexicano y empezó a dar instrucciones, mientras simulaba tomar fotos. Pero lo descubrieron, lo mandaron a las gradas y México perdió con un gol en el último minuto.

OCHO. La clasificación de Corea del Norte (la sensación del mundial de 1966) para los octavos sorprendió hasta a los mismos dirigentes que ya habían comprado pasajes de regreso. En vez de volver a casa, tuvieron que trasladarse a Liverpool donde no encontraron hotel disponible. Así, a los jugadores coreanos, a la víspera del partido contra Portugal, les tocó dormir en las bancas de una iglesia protestante. Al día siguiente, en solo veinticinco minutos, lograron una ventaja de tres goles, pero luego perdieron 3 a 5.

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NUEVE. Camino al Mundial de Fútbol 1970, Bobby Moore, capitán y figura del último campeón, fue detenido en el aeropuerto de Bogotá. Lo acusaron de haber robado un brazalete de oro de 1 500 dólares. Los ingleses llegaron a México con uno menos, mientras a su líder, en espera del juicio, le tocó prepararse solo en la cancha del Millonarios de Bogotá. Tres días después lo autorizaron a viajar a México para jugar el primer partido de su selección, aunque el juicio no había terminado.

DIEZ. En el mundial de 1974, la estrella y capitán de los holandeses, Johan Cruyff, jugó con una camiseta distinta de la de sus compañeros. En la suya faltaba la tercera tira tradicional y el logo de Adidas, porque Cruyff tenía un contrato multimillonario con Puma. Mientras tanto, el héroe de los nuevos campeones, Gerd Müller (Alemania), se negó a participar en la cena de gala y renunció a la selección porque la Federación no invitó a las esposas de los jugadores.

ONCE. Los polacos trajeron a Buenos Aires 380 botellas de vodka. Su entrenador, Jacek Gmoch, explicó que permitía a los jugadores fumar y beber dentro de límites tolerables. La delegación era de 35 personas, lo que significaba que a cada una le correspondían casi once botellas para su estadía de un mes. De todas formas, Polonia terminó en quinto lugar en la tabla del mundial de 1978.

DOCE. Para jugar el mundial de 1982, la selección de Argelia despegó de Argel sin plan de vuelo y aterrizó en Oviedo sin autorización. Esto causó alarma en la fuerza aérea española y una prolongada inspección de la nave. Luego, al llegar al hotel Campulotu, los argelinos quitaron todos los ornamentos católicos. En el mismo campeonato, Argelia ganó de forma sensacional a Alemania (2 a 1), pero igual no pasó a la segunda fase después de un vergonzoso arreglo entre los alemanes y los austriacos.

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TRECE. Argentina eliminó a Inglaterra (2 a 1) en los cuartos de final del mundial de 1986. Ambos goles fueron de Maradona. El segundo fue considerado como el best seller de los mundiales, pero el otro fue con mano (de ahí surgió el término “la mano de Dios”). Considerando que la victoria argentina fue antideportiva, varias agencias de juegos británicas decidieron devolver el dinero a quienes habían apostado por el empate.

CATORCE. El ruso Valeri Nepomniachi, técnico de Camerún, no convocó a Roger Milla para el mundial de 1990, pero un decreto presidencial lo obligó a incluirlo en la lista. Y no fue nada mal obedecer: Milla marcó un doblete contra Rumania, otro contra Colombia y se convirtió en el goleador más longevo de la historia de los mundiales, con sus 38 años y 29 días.

QUINCE. Estados Unidos, anfitrión del mundial de 1994, no es precisamente un lugar futbolero. Eso se confirmó cuando Maradona entró en un almacén deportivo de Boston y compró ocho zapatillas para sus hijas. Feliz por el volumen de la venta, el empleado le regaló un llavero con el logo del campeonato y le explicó que en ese momento se desarrollaba un mundial de soccer en su país. Minutos más tarde, un periodista argentino contó al empleado que acababa de atender al mejor jugador de todos los tiempos. Para no perderse la oportunidad, el muchacho corrió detrás de Maradona y sus acompañantes. Cuando alcanzó al grupo, pidió un autógrafo a… Gerry Garbulski, traductor de la estrella.

DIECISÉIS. A pocos días del mundial de 1998, los ingleses estaban concentrados en la ciudad portuguesa de Algarves. Se suponía que se preparaban bajo un régimen severo hasta que el diario The Sun publicó una foto del delantero Teddy Sheringham, con whisky en la mano y acompañado por una mujer. El pie de foto decía: “Son las 6:45 de la mañana y Sheringham empina el codo y fuma, antes de acostarse con una rubia. Teddy, eres un idiota”.

DIECISIETE. De todos modos, la borrachera inglesa continuó hasta el mundial de 2002. Camino a Corea y Japón, la delegación se quedó tres días en un hotel de Dubái donde hizo una cuenta de 55 mil dólares en el bar. Según los cálculos de Sunday Mirror, cada uno de los 120 miembros de la delegación, incluyendo a los jugadores, tomó diez litros de cerveza diarios.

DIECIOCHO. Antes del mundial de 2006, la compañía Media Word prometió a los italianos que no pagarían sus cuotas de nuevos televisores de plasma, si Italia salía campeón. Luego del torneo, la compañía anunció pérdidas de diez millones de euros.

DIECINUEVE. A la víspera del Mundial de Fútbol 2010, Diego Maradona, ahora como técnico de Argentina, visitó la base de su equipo en Pretoria y ordenó que cambiaran todos los excusados con el inodoro Bathroom Bizarre que ofrecía tres velocidades de desagüe y bidé con agua caliente. En los próximos días, las ventas de este artículo se multiplicaron por diez.

VEINTE. En espera del mundial de 2014, la Asociación de Prostitutas de Minas Gerais acordó con el banco Caixa Económica Federar que podían cobrar sus servicios con tarjetas de crédito. Estas medidas se sumaron a las clases de inglés que recibieron las muchachas para atender a los clientes extranjeros.

Y ahora nos toca Rusia…


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