Carla Heredia, la gran maestra que comparte ideales con Tolstói.

Por Tali Santos.

Fotografía: Jorge Luis Jara.

Edición 435 – agosto 2018.

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Siglos XIX y XX. Rusia zarista. León Tolstói nace en 1828 en una familia aristó­crata. Lleva una vida de lujos y placeres. A los veintiún años abandona la universidad. Se une al ejército. Participa en la guerra de Crimea. Mata. Ve morir a decenas de miles. Conoce a gente de vida sencilla y acoplada al entorno natural. También que la mayor par­te de la población de su país, la campesina, es analfabeta. Deja el ejército. Al igual que un personaje de una de sus obras, estima que su concepción del mundo ya está determinada: lo más importante en la vida es hacer el bien a las personas con las que uno ha de vivir. La felicidad personal depende del bienestar de los demás. Defiende la idea de que si se imparte educación de calidad a todas las capas de la población desaparecerían el des­potismo y la violencia; la injusticia. Escribe novelas, cuentos, ensayos. Su obra —de la corriente realista y de clara intención crítica hacia la clase privilegiada rusa— lo convier­te en uno de los autores más importantes de la literatura universal. Tiene una pasión: el ajedrez, un juego que conoce en la facultad de Filosofía, recurrente en sus relatos y que practica hasta poco antes de su muerte, en 1910. Entonces, un patrimonio de la élite.

Aquella manera de estar en el mundo que adoptó el autor de Guerra y paz —ex­cepcional para tal época— coincide, en lo fundamental, con causas que defienden, actualmente, personas como Carla Here­dia, que nació a finales del siglo XX (1991) en el seno de una familia de la clase media quiteña, de padres profesionales, con las oportunidades y las limitaciones que eco­nómicamente eso suele representar en la capital de un país latinoamericano.

Un país donde, en el siglo XXI, la edu­cación aún es limitada en algunas capas de la población. La de calidad, especialmente. Donde la violencia se enlaza con el crimen organizado internacional. Donde la justicia es esquiva y a veces brumosa.

Al igual que a Tolstói, a esta joven que casi siempre viste jeans, camiseta y chaque­ta y calza zapatillas deportivas; que suele usar sombreros de ala media para cubrir su cabello corto, corto, intencionalmente despeinado, también la identifica su pasión por el juego de las 64 casillas. En su caso, es su profesión.

Su carrera se inició a los siete años cuando ganó su primer torneo de novatos. En 2010 clasificó al Mundial de Ajedrez y se convirtió en la primera ecuatoriana en lograrlo. A los veintiuno obtuvo el título de gran maestra internacional y es la segunda ecuatoriana en alcanzar el título. Ha sido diez veces campeona nacional y ha ganado torneos regionales (panamericanos, boliva­rianos, subzonales). Y, por cuarta ocasión, integra el equipo olímpico (diez jugadores) ecuatoriano, que el próximo mes competi­ráen Batumi, Georgia.

En mayo pasado, la Asamblea Nacio­nal le otorgó un reconocimiento “por sus méritos deportivos y por el apoyo a causas sociales”, por ser “un ejemplo para la juven­tud”, según el texto del Acuerdo Legislativo que impulsó el Grupo Parlamentario de Inclusión, Masificación y Fortalecimiento del Deporte.

A finales de junio, en una cafetería de Cumbayá durante un diálogo con Mundo Diners, el día anterior a su viaje a Las Ve­gas para competir en el Torneo Abierto de Ajedrez en esa localidad —en el que quedó cocampeona—, toma un celular, el artefac­to más cercano a los individuos de todas las clases sociales en estos días, y da un ejem­plo de su concepción sobre la forma de es­tar en el mundo:

—Puede ser que aquí diga Made in Chi­na, pero cada parte tiene algo de diferentes partes del mundo. Al usarlo no nos damos cuenta y lo vemos como una sola cosa, pero aquí estáel trabajo de diferentes personas. Así es la sociedad. Por eso, un problema social no debería interesar solo a los afecta­dos, debería importarnos a todos. Siempre.

Durante la sesión en el pleno de la Asamblea Nacional en la que le entregaron aquel reconocimiento, les dijo a los asam­bleístas: “Les invito a luchar por las causas justas. Miles de familias esperan noticias de sus seres desaparecidos. Hoy (31 de mayo) es el cumpleaños de David Romo y su ma­dre aún lo espera. Les comprometo a tra­bajar para hacer un país más digno donde haya equidad y no violencia”.

Se refería al joven universitario que desapareció en Quito hace cinco años. Lo último que se supo de él fue que volvía a casa en un bus. Nunca llegó. Hoy, la Fiscalía presume que fue asesinado.

Carla no tiene ningún vínculo familiar ni de amistad con la familia Romo, pero una de las causas que ella defiende como ciudadana, como pieza del engranaje social del que se sabe parte, es la lucha de los fa­miliares de los desaparecidos. Que piden al Estado —esa parte fundamental del engra­naje social— que dé atención a estos casos, que en el Ecuador, hasta junio, sumaban 1755, según las cifras oficiales.

Vive en Estados Unidos donde estudia una maestría en Gerencia Deportiva en la Universidad Texas Tech, en la que también obtuvo su licenciatura en Psicología, gra­cias a una beca que ganó por sus méritos deportivos. Cuando estáen el país acude a marchas en defensa de los derechos huma­nos, si las hay, y desde el lugar del planeta donde se encuentre usa su voz, su nombre —el de una deportista destacada— para reclamar, reflexionar, convocar, a través de su cuenta en Twitter, la red social en la que tiene once mil seguidores. También en Fa­cebook.

Empatía. De eso se trata, dice Carla. Recuerda que a los nueve años, época en la que era una gran consumidora de Coca- Cola, viajó a Cuba con su madre para ju­gar un torneo de ajedrez, que le dejó una lección. Ahí se enteró que lo que costaban quince coca-colas era lo que la gente de ese país ganaba mensualmente para cubrir sus gastos familiares en un régimen de profun­da austeridad.

Aquella experiencia, ese descubrimien­to de otras realidades, es uno de los aportes que el ajedrez le ha dado a su vida, señala.

El mismo juego extendido entre la clase privilegiada de la Rusia imperial que fue re­conocido en 1999 por el Comité Olímpico Internacional (COI) como deporte, cuan­do también incluyó a la Federación Inter­nacional de Ajedrez (FIDE, por su sigla en francés), fundada en 1924.

En la centenaria historia de las com­peticiones internacionales de ajedrez solo ha habido dieciséis campeones del mundo y Rusia ha mantenido el liderazgo. En la etapa de la Unión Soviética fue un asunto de Estado. Desde el Gobierno, se halló en el ajedrez una forma de conectarse con la población y expresar su supremacía, al ser “una actividad intelectual que, de dominar­la, permitiría a los bolcheviques demostrar al mundo que ellos podían ser los mejores”, dice Evgeni Bebchuk, expresidente de la Fe­deración Rusa de Ajedrez, en el documen­tal La guerra del ajedrez, emitido en 2014, que analiza la partida entre Boris Spassky y Bobby Fischer, en 1972.

Un encuentro histórico entre el cam­peón ruso y la estrella estadounidense. Aquel que enfrentó ante un tablero a los Estados protagonistas de la Guerra Fría. Aquel encuentro que ganó el americano. El que le dio popularidad internacional al juego.

Deporte-Carla-H--2Carla se convirtió en campeona nacio­nal a los diez años. Y para poder dedicarle más tiempo a los entrenamientos y progre­sar en las competencias internacionales, a los quince pidió a sus padres que la cam­biaran del colegio privado de alto nivel de exigencia y prestigio en el que estudiaba con media beca, por uno de estudio a dis­tancia, de nombre sencillo, de aquellos que permiten a las personas de treinta o más años concluir su bachillerato.

Una decisión difícil para Patricio y Ali­cia, una jugada en su rol de padres que po­nía en riesgo esa parte del futuro de su hija. Aceptaron.

Si hay algo que sirve en la vida y en el ajedrez son las derrotas, como advierten los colegas de Carla —los psicólogos y los grandes maestros del ajedrez—. Y hasta los diecinueve años, más o menos, ella no las sobrellevaba nada bien.

—En ajedrez se juegan nueve partidas en seis u ocho días y puede venir una de­rrota detrás de otra. Con el tiempo empecé a ver al ajedrez de forma diferente. Te pre­para para las frustraciones de cuando vas a dejar carpeta y te dicen no, o envías canti­dad de e-mails para buscar algo y nadie te responde. Para aquellos noes en la vida.

En aquel reducido espacio de medio metro hay tensión. La soledad de cada ju­gador en la toma de decisiones estáacom­pañada de las emociones que las influyen.

A las enseñanzas del ajedrez, Carla suma las que le dejó un viaje a India adonde viajó a los veinte años a un retiro budista.

—Siempre me ha gustado experimen­tar diferentes cosas y noté que yo era bas­tante egoísta, que me centraba únicamente en mí. En las medallas. Que no iba más alláde esas 64 casillas del ajedrez. En ese retiro entendí que, si gano, qué bien, pero si pierdo, no soy menos ser humano. Tam­bién empecé a darme cuenta de que hay mucho más alládel ajedrez y yo sí quiero ser parte. Y no significa que debo ser polí­tica para eso.

Un viaje que transformó su modo de estar en el mundo.

Su activismo por los derechos humanos cobró protagonismo tras la muerte de Ma­rina Menegazzo y María José Coni, las dos argentinas que fueron violadas y asesinadas en febrero de 2016 en Montañita.

“A la distancia y con indignación”, Carla escribió y suscribió una carta que publicó en las redes sociales para responder al co­mentario de una autoridad del Gobierno ecuatoriano de entonces que había critica­do la condición en la que viajaban las jó­venes a quienes sus madres despidieron en una terminal de bus:

“Como mujer y aún más desde la Sub­secretaría de Turismo, tanto tus palabras como tus acciones tienen un gran impacto social, así que a la distancia he decidido manifestarme. Te cuento que debido a mi carrera en el ajedrez y a mi espíritu de viajera he conocido 43 países. A la gran mayoría viajé sola. Nunca me ha cabido en la cabeza que por ser mujer no debí haber viajado tanto. Viajar es vivir, es abrir la mente a explorar nuevas culturas, a apreciar la naturaleza. Viajar es encon­trarse con amigos, hacer nuevos en el ca­mino y decir hasta pronto. Durante mis viajes, he jalado dedo (…) he dormido en aeropuertos (…) ¿Merezco que me pase algo por decidir conocer, disfrutar y competir por el mundo?”

La carta sobrepasó las diez mil repro­ducciones, en medio de comentarios de apoyo al cuestionamiento de la joven aje­drecista y de rechazo —también de justifi­cación, unos cuantos— a la patriarcal idea de que las mujeres no deben andar solas.

También cuestionó a Rafael Correa, entonces presidente de la República, por haber descalificado las opiniones de una candidata a la presidencia, al decir que en lugar de hablar de economía debería hablar de maquillaje. Él, en respuesta, recomendó leer una carta en la que se la criticaba por criticar al presidente y lamentó que las mu­jeres se victimicen.

La historia del ajedrez también estámarcada por el machismo contra el que hoy tantas mujeres como Carla mantienen una lucha activa. Antes de la creación de la FIDE no existía una ley común que regule las reglas del ajedrez y se lo definía como “un deporte de caballeros”.

Cuando pasó de Oriente a Europa no existía la dama, sino una pieza marginal que sugería la presencia femenina. Hoy, la pieza con más posibilidades en el juego. Varios relatos sugieren que al llegar a Espa­ña, Isabel La Católica reclamó una que la represente. —Así ha sido como las mujeres nos hemos ganado espacios —dice Carla.

Judit Polgár, de nacionalidad húngara fue la mejor ajedrecista mujer del mundo durante veintiséis años. A los quince se convirtió en la persona más joven en lle­gar a ser gran maestro internacional. Fue octava del mundo y desde los catorce años solo compite oficialmente contra hombres, como una forma de protestar contra la subestimada capacidad de las mujeres en el ajedrez. Gary Kasparov, considerado el mejor ajedrecista hasta ahora, había dicho: “Ninguna mujer puede sostener una batalla prolongada”. En 2002 Polgár se convirtió en la primera mujer en ganarle.

Carla enfrentó a Polgár en una ocasión. Lo hizo en una partida simultánea de pre­sentación en Guayaquil, hace unos cator­ce años. —Logré zafarme y fue empate, y cuando le di la mano, a pesar de que ella estaba jugando contra veinte, noté que se sentía decepcionada porque tuve ventaja. Para mí, haber empatado con Judit Polgár fue, pues… ¿es una figura, no?

Aprendió sobre la historia del feminis­mo en la universidad, en Estados Unidos, cuando tomó una clase sobre estudios de las mujeres. También se enteró alláde algu­nos referentes que tiene el Ecuador. Advir­tió que ella solo tenía en la mente a perso­najes como Martin Luther King o Gandhi, no los de su país.

El reconocimiento que Carla recibió en la Asamblea lleva el nombre de una ecuatoriana excepcional: Matilde Hidalgo de Procel, la primera mujer en votar en La­tinoamérica (1924). La primera bachiller del país, la primera médica, la primera con­cejala en un cantón, la primera mujer di­putada elegida en comicios populares. Una mujer que abrió las puertas a una sociedad más equitativa, cuya historia conoció Carla en Estados Unidos.

—Somos un país trabajador que, de a poco, se va dando cuenta del potencial que tiene en todas las ramas.

El ajedrez es un deporte en el que juegan hombres contra mujeres. Y Carla quiere aprovechar esa característica para fomentar la inclusión.

—Algo curioso en el ajedrez es que nor­malmente es asociado con la élite, con ser un juego de pensadores. No es así. Yo organizo torneos y la mayoría de los jugadores son gente de clase media baja, porque un tablero te cuesta diez dólares, mientras una raqueta de tenis, por ejemplo, te cuesta de 60 para arriba. Es muy accesible y hoy organizo tor­neos en lugares curiosos como La Mariscal, La Floresta, para que la gente llegue a sentarse a jugar una partida. Es gente que viaja en bus.

También organizó una competencia en una discoteca. —En la mañana, pero —aclara, con aquella sonrisa espontánea que surge entre gestos que aparentan ti­midez.

Para poder pagar el pasaje al Ecuador y participar en las eliminatorias para las olimpiadas, que se realizaron en noviem­bre pasado, organizó un crowfunding a tra­vés de un portal de Internet que funciona como un shopping, que permite recibir do­naciones. Se unieron empresas medianas, pero también gente que hacía cupcakes y que los donaba. Recordar aquella solidari­dad de la gente le quiebra la voz.

Su carrera deportiva empezó a los 7 años y ya lleva 21 inmersa en ella. En este tiempo ha ganado en torneos nacionales, bolivarianos, panamericanos y ha participado en cuatro olimpiadas. En septiembre será la quinta. Carla Heredia participará, en septiembre próximo, en las olimpiadas mundiales de Georgia, para dejar, otra vez, el nombre del Ecuador en lo más alto.

Fuente: www.eltelegrafo.com.ec

Carla entrena sola desde hace tres años. Con la ayuda de programas en Internet, su computadora y sus libros. —Ya el día que tenga un sponsor tendré un entrenador medio tiempo o a tiempo completo. Pero no tener un entrenador a medio tiempo, a tiempo completo no quiero que me limite para seguir progresando.

Obviamente es más difícil hacer las cosas una sola, pero el tiempo que toque seguiré construyendo mi camino en el ajedrez.

Le pregunto si no quiere llegar a la éli­te mundial. —Yo fui la primera ecuatoria­na en clasificar a un mundial de ajedrez en 2010 y, obviamente, me gustaría vol­ver, pero sigo entrenando porque quiero llegar al top 100 (…) Ahora estoy como en la posición 500 en el ranking internacio­nal; y me hace ilusión tener una medalla olímpica pero, si no lo logro, no me va a quitar el sueño. No quiero que la gente se acuerde de mí por una medalla olímpica, sino por haber estado en una marcha, por haber ayudado con mi conocimiento a alguien.

Una representación de la sociedad. Eso es el ajedrez para Carla. —Y lo bonito —dice— es que tanto en el ajedrez como en la sociedad, el que aparentemente es más débil, como el peón que solo vale un punto, puede dar el jaque mate al rey. O puede coronar y volverse una pieza pode­rosa.

—Es un juego difícil de comprender desde fuera porque tú puedes contar quién tiene ventaja material, en puntos, en piezas, pero eso no necesariamente representa lo que estápasando en el tablero. El valor es subjetivo. Tal cual con las personas. Como yo entiendo a la sociedad.

—¿No hay enemigo pequeño?

—No, pero tampoco hay obstáculo grande. A mí me gusta el ajedrez porque las mejores partidas se dan cuando más armo­nía hay entre tus piezas, cuando todas cola­boran para un fin, que es el jaque mate. Para mí es así, si todos remamos para el mismo lado.

JUGADAS MAESTRAS

• KASPAROV INMORTAL: Esta partida, jugada en 1999 entre Garry Kasparov (blancas) y Vese­lin Topalov, es considerada por muchos como la mejor partida en la historia del ajedrez. Kas­parov, en el momento campeón del mundo de ajedrez, enfrentaba a otro gran maestro, Topalov.

En una posición complicada, parecía una situa­ción dura para Kasparov; cuando en una com­binación de brillantez, capacidad de cálculo y habilidad de atacante, en el movimiento 24 sa­crifica una torre por un peón, para lograr abrir la posición y generar un ataque letal, conde­corado por todo el ambiente del ajedrecismo, un ataque legendario con una seguidilla de movimientos ingeniosos, al punto de haber calculado que, 18 movimientos en adelante, obtendría la victoria.

• NERVIOS DE ACERO: Esta histórica y admira­ble partida de ajedrez fue hecha entre Robert Steel (blancas) y NN en Calcuta en 1886 y fue llamada Nervios de Acero. R. Steel, un ro­mántico del ajedrez, decidió olvidarse de este concepto de proteger a su rey, y comenzar a caminar a medio juego —mitad atacado, mi­tad por cuenta propia—, cuenta con su rey, en un literal campo minado de piezas enemigas; milagrosamente sobrevive al ataque, y liqui­da a su oponente con un contraataque que no pudo soportar. ¡Irrepetible!

• LA MEJOR CORRIDA AL REY: En ajedrez, una de las maneras más humillantes de perder, es tras ser obligado a llevar al propio rey al corazón del territorio enemigo.Y más aún, siendo el campeón inglés de ajedrez, jugando en tu propio país contra un alemán. Así fue que Edward Lasker (blancas), en una partida contra Sir George Alan Thomas, en apenas 11 movimientos, ¡sacrificó su reina! para obli­gar al rey rival a moverse nada más ni nada menos que 8 casillas desde donde estaba (lo corrió literalmente de una punta del tablero a la otra), con un movimiento forzado tras otro, el cual llevó inevitablemente al jaque mate, encerrado lejos de su hogar en la fortaleza negra.

• LA PARTIDA DEL SIGLO: Esta es sin dudas una famosisísima, es la más aclamada partida de Bobby Fischer (negras), vs. Donald Byrne, en una exhibición del más puro estilo comba­tivo del ajedrez —de yapa, por un niño de 12 años—. Byrne, queriendo ‘sobrar’ a Fischer, gastó tiempo en movimientos no tan buenos, pequeños errores que el joven Fischer aprove­chó para sacrificar nada más que ¡reina y ca­ballo! (aunque el sacrificio de este último no fue aceptado), para emboscar al oponente con un ataque letal, con un jaque mate famoso por mostrar la coordinación de las piezas de Fischer, dejando atónito al mundo del ajedrez del momento.

Fuente: www.taringa.net


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