Carta del director.

Mundo Diners. Julio 2017.

Orgullosa, con un espíritu libre, Kira Tolk­mitt se despidió de su Alemania natal y recaló en el Ecuador, a cuyos encantos sucumbió, se­gún le cuenta a Pablo Cuvi en la entrevista de este número. Como fotógrafa que era, para so­brevivir comenzó haciendo postales que vendía a los turistas. Sin embargo, nunca abandonó su pasión por los animales, especialmente por los caballos, en cuyos lomos cabalgó como jockey, así como cabalgó en la universidad en los lomos de la economía, la administración de empresas y la veterinaria. En Quito fue fotógrafa de la revista Diners y autora y coautora de más de 40 libros. Ahora es una chagra de Machachi, donde administra su hacienda, cría ganado de leche y adiestra caballos, en medio de una vida dura pero, al mismo tiempo, idílica y solitaria.

Solitaria fue también la vida de Agustín Cueva, alrededor de cuya figura Galo Vallejos hace un recorrido cuando se conmemoran vein­ticinco años del fallecimiento de quien “a pe­sar de que fue el cultor de las ciencias sociales más reconocido que ha tenido el Ecuador” es en nuestro país prácticamente un desconocido. Abogado, intelectual y miembro del grupo de los Tzántzicos, viajó a París para estudiar Socio­logía y se adscribió al marxismo. De regreso al Ecuador dio a la imprenta un libro icónico: Entre la ira y la esperanza. Con la publicación de Pro­ceso de dominación política en el Ecuador ganó el Premio Casa de las Américas y pasó a vivir en México como profesor de la UNAM. Víctima del cáncer, regresó a Quito donde murió en medio de la indiferencia.

María Tejada no buscó, como Kira, la so­ledad del campo ni se refugió en la reflexión, como Agustín Cueva: de niña, ella quiso ser bailarina, según nos relata Óscar Molina en su crónica. Pronto, sin embargo, se sintió subyu­gada por el canto y en la universidad, a pesar de que estudiaba Marketing para dar gusto a su familia, tomó clases de solfeo, piano y ar­monía y a los veinticinco años, con el diploma de “marquetera” en sus manos, sintió que una nueva vida le esperaba al llamado de su voz pro­digiosa. Viajó a Europa por tres meses y se que­dó diez años, en medio de los cuales se casó, es­tudió en el Conservatorio de Metz y profundizó las raíces musicales que provenían de su patria. Tiene ocho discos grabados y, ya radicada en Quito, entre concierto y concierto, va educando a sus alumnos para el canto.

Del canto saltamos a la literatura mediante una entrevista exclusiva al escritor Arturo Pérez Reverte, que nuestra colaboradora Patricia Vi­llarruel nos envía desde Madrid a propósito de Falcó, la última novela de este autor que fue también reportero de guerra, se desempeña como articulista y académico de la lengua y tie­ne una veintena de novelas traducidas a más de 40 idiomas. En la charla, Arturo afirma que su intención es que su personaje pasee por un escenario que tiene como fondo la Guerra Civil Española, con el objetivo de que el lector viva una historia apasionante.

Una historia tan apasionante como pueden ser las de las varias vidas de carne y hueso que usted encontrará en este número, amigo lector.

 

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