Carta del director.

 

Pajarito-2Edición 441 – febrero 2019.

Como una creyente del liberalismo se de­fine Gabriela Calderón en la entrevista que en este número le hace Tali Santos. Analista de la actualidad política y económica del país, desde 2006 mantiene una columna semanal en el dia­rio El Universo y, junto con Mario Vargas Llosa, Sergio Ramírez, Enrique Krauze y María Corina Machado, es coautora del libro El estallido del populismo. De sólida formación académica, es investigadora de El Cato Institute, con sede en Washington. Su lucidez la ha llevado a alimentar la autocrítica: confiesa que se empezó a humil­decer, a ponerse en los zapatos de los demás, a entender la realidad no solo desde su óptica, sino también desde la visión de los otros: “esa soberbia que tenemos cuando somos más jóve­nes se me empezó a caer un poco”. Considera al liberalismo como una ideología, pero reconoce que ella no es dogmática.

Así como Gabriela fue encontrando derro­teros que la condujeron hacia nuevos hallazgos, quienes rastrean nuestro pasado más remoto también van de sorpresa en sorpresa, tal como nos cuenta Milagros Aguirre en su crónica “Upa­no: los secretos de la selva”. En efecto, si durante muchos años se creyó que la selva era un lugar inhóspito, escasamente habitado, ahora se está descubriendo que la Amazonía es producto de la intervención humana, con vestigios arqueológi­cos riquísimos que delatan que allí vivían pueblos cultos, navegantes de grandes distancias, co­merciantes. Hace 2 500 años se sembraba maíz y sus habitantes domesticaron raíces y palmas. Con tecnología de punta, se está llegando a re­velaciones asombrosas que derrumban viejas y arraigadas creencias.

En la época más reciente, en cambio, los des­cubrimientos son cada vez más aterradores, co­rrupción, saqueo y mentiras mediante. En el artí­culo “Becarios ecuatorianos: ¿la generación más preparada de la historia no encuentra empleo?”, de Xavier Gómez y Paola Muñoz, una encuesta revela que alrededor del 43% de los becarios que retornó a la patria está en el desempleo y subempleo. Del 57% que trabaja, el 23% no lo hace en el área de su especialización y solo el 50% realiza una transferencia de conocimien­to adecuada. Las becas aparecían como un elíxir cuando Rafael Correa aseguraba que el Ecuador era un ejemplo para la economía mundial y lo proclamaba como el jaguar de América Latina. Era la etapa de las megaconstrucciones, la cre­ciente burocracia y el dispendio ilimitado. Era la época en que desde las sabatinas se repetía que los jóvenes podían hacer sus estudios en las me­jores universidades del mundo para luego volver y retribuir al país con su trabajo… La cruda reali­dad, sin embargo, nos trae otra lectura.

Como la cruda realidad, según apunta Jor­ge Ortiz en su artículo de Política internacional, nos hace volver la vista hacia Francia, que ha sido siempre un país de tumultos, comunas y barrica­das. Pero en 1968, con ese mayo joven y creativo de París, la Quinta República Francesa, en vez de tambalearse, se estabilizó. Sin embargo, en oc­tubre pasado, una protesta por un impuesto a la emisión de gases de efecto invernadero derivó en una escalada de manifestaciones populares, la de los “chalecos amarillos”, que no ha deja­do de subir en intensidad. Y eso está ocurriendo precisamente cuando Europa cimienta su unidad en la fuerza de la economía y la política de dos países: Alemania y Francia.

Así pues, amigo lector, le dejamos que en este número navegue por las agitadas aguas de la duda, con algunos nubarrones que amenazan tormenta.

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