Carta del director.

 

Pajarito-2Edición 452 – enero 2020.

Serio, adusto, cerebral, Osvaldo Hurtado se ha mantenido vigente en la política por más de cincuenta años mientras que, en el campo intelectual, ha publicado libros de indiscutible solidez y amplia difusión. En la entrevista que en este número le hace Pablo Cuvi, Hurtado —mientras pasa revista a los principales acontecimientos de la historia que le ha tocado vivir— muestra una de sus facetas más íntimas: la de jardinero. Y es, quizás, allí donde se descubre su verdadera sensibilidad de sembrador. Un sembrador de plantas y de ideas. Un inclaudicable abridor de surcos. Un ochentón que no ha perdido los arrestos juveniles para hacer que de la tierra broten frutos esperanzadores. Esa actividad es la que mejor lo define, aunque él la haya sabido mantener casi en secreto: ahí está quien no se doblega ante los malos vientos que soplan, ante las tormentas más devastadoras, y mantiene, indoblegables, sus afanes para convertir la tierra yerma en fértil. Un jardinero, en fin…

Si el jardinero tiene su actividad a la intemperie, un bar es un sitio cerrado por donde circulan personas de procedencia, edad y condición más disímiles, que bien pueden acudir en pos de un bocadillo o, instalados al pie de la barra, beber varias copas que, paulatinamente, les van embriagando hasta la depresión o hasta la euforia. Gabriela Paz y Miño, quien durante cuatro meses trabajó en uno de “medio pelo” situado a cuarenta kilómetros de Barcelona, nos trae un intenso relato sobre las experiencias que le permitieron comprobar que muchas veces los seres humanos no son lo que parecen y que detrás de cada uno de ellos hay historias secretas que quizá fuera de ese ámbito jamás se hubieran atrevido a revelar. Las grandezas y miserias van apareciendo línea a línea en un texto frenético y, además, intensamente humeante.

Si bien en un bar generalmente las conversaciones no salen de ese entorno, con el aparecimiento de Internet y los medios digitales, cualquier hecho atraviesa continentes con una inmediatez que asombra y estremece. Al avance y crecimiento de esos medios digitales en el Ecuador se refiere en su artículo Xavier Gómez Muñoz, con cifras reveladoras: mientras en 2012 existían solamente 34, en 2015 el número subió a 60 y en 2018, a 83. La lucha por la subsistencia de esos medios es dura, pues tienen que financiarse con la venta de espacios de publicidad y mantener equipos de redacción y diseño dotados de la más alta tecnología. Uno de los mayores obstáculos que enfrentan, además de sostenerse económicamente, es el de crecer. Ahí está el reto.

Todavía Internet estaba en sus inicios cuando Leslie McTyre, un estadounidense-boliviano casado con ecuatoriana, ya se encontraba en las zonas del mundo de mayor conflicto, allí donde las guerras por razones religiosas o étnicas dejaron millones de muertos, sin discriminar si ellos eran mujeres o niños, según anota Tali Santos en su perfil sobre este personaje. Como funcionario de Naciones Unidas, McTyre vivió en Mozambique, Ruanda y Sudán, rodeado del horror ciego que dejan el odio y la violencia, prestando su ayuda a los niños que lograban escapar de las matanzas y a las mujeres víctimas de incesantes crueldades, violaciones e impensables salvajismos. En los tres últimos meses, con la misma pasión con la que luchó por la paz, da su batalla personal contra un cáncer que lo acosa.

Así pues, amigo lector, el primer número de este nuevo año marca la pauta de los que vendrán a lo largo de este 2020: un amplio espectro de revelaciones y sorpresas.

 

 

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