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Concurso de cuentos AtaPalabras.

diciembre 6 @ 00:00 - diciembre 31 @ 00:00

El concurso de cuentos AtaPalabras, organizado por Artisteca, Semillero del Cambio de Diners Club, promueve entre los jóvenes el hábito de la lectoescritura. En la cuarta edición, cuya temática fue escribir sobre una historia de terror  participaron 76 jóvenes de 14 a 18 años. Daniel Soria, del colegio Amazonas, obtuvo el primer premio con su cuento Siete Campanadas.

SIETE CAMPANADAS

Autor: Daniel Andrés Soria Sánchez (Colegio Amazonas).

Cuento-ganador-fotoDesde el regazo de esta oscura alcoba colonial del Centro de Quito, escribo la carta que plasmará los últimos trazos de mi pluma, aquellas líneas que serán las encargadas de retratar mi pesar ante la agonía de la incertidumbre que se ha convertido en mi eterno tormento; el resonar del viejo campanario de la iglesia de Santo Domingo mantiene en mi memoria el recuerdo de esa lúgubre tarde de invierno en la que mi vida se tornó en una interminable espiral de desdichas.

¿Por qué lo hice?, es la interrogante que me revolotea los nervios y corrompe mi cordura, ya no lo soporto. Sé que viene por mí, puedo sentir su presencia en las calles del lugar que antaño fue la cuna de mi felicidad, mi hogar, mi refugio de inmaculada inocencia y que ahora, irónicamente, me acongoja en la melancolía.

A lo lejos se escucha repicar de las sacras campanas; mis manos tiemblan con cada segundo que pasa al pensar que terminé con lo que más amaba. Desearía no haber puesto mis dedos en el mango de aquel infame puñal. Las emociones son inquietantes. Siempre figuran extrañas ilusiones que lo llevan a uno a la locura, las mismas que fueron espectro en acecho de esas fatales horas en las que perdí mi rumbo y perpetué mi nombre en la execrable lista de asesinos. No podía anticiparlo, simplemente apareció y su aura de funesta atrocidad invadió el corazón de mi pequeño Nicolás; ese ser intruso que lo acompañaba a todos lados y nadie más que yo podía percibir, el irritante monstruo que me llenaba de desesperación al posarse inmóvil tras los hombros de mi entrañable unigénito.

El ambiente comienza a tornarse más y más sobrecogedor mientras una segunda campanada de la catedral retumba en mis tímpanos; el aire de la habitación se ha vuelto asfixiante, él está cerca… él… el que alimenta mi arrepentimiento, el que se roba mi vida, el que perturba mis sueños y el que se nutre de mis profundos temores. Él… ¡aún está vivo! ¡No lo entiendo! ¡Debió haber regresado a sus aposentos en el averno! El miedo me consume y no soy capaz de borrar mi culpa, quiero gritar y la impotencia me lo impide, quiero correr pero estoy atrapado… alguien ha golpeado a la puerta de mi casa.

El inquietante silencio de la noche se ha roto, otra campanada se ha oído y una ventisca entra repentina por la rendija de mi ventanal; no comprendo las imágenes ilusorias que mis pupilas me retratan, pero esta vez estoy seguro de que vi algo gigantesco desaparecer tras las cortinas. Estoy aterrado y mi corazón late cada vez más fuerte, el pavor ilumina mi memoria y evoca la incontrolable furia que se apoderó de mí cuando doce puñaladas cayeron sobre su pecho. ¡Oh, Nicolás… qué te he hecho! La tinta de mi pluma se agota y no encuentro las fuerzas suficientes para voltear la mirada hacia cualquier otro lado más que a esta hoja de papel.

El estruendo del campanario golpea las calles una vez más, el ruido de la puerta se intensifica y las ventanas zumban. ¿Por qué nadie viene a ayudarme? ¡¿Es que acaso no lo escuchan?! El demonio me encontró y viene a reivindicar su existencia al tomar venganza en mi contra; no sé qué hacer, ha logrado romper el seguro del portón y se-guramente está dentro de la casa; extiendo mi mano hacia el tintero y recargo mi pluma, ahora ninguna estancia de mi hogar es segura…

Escucho sus pesadas piernas moverse por la sala, como si las arrastrara lentamente por el piso del apartamento. Suena una quinta campanada y el estrepitoso silencio que rodea mi cuerpo me angustia y paraliza el tiempo, los segundos no corren y el reloj se ha vuelto mi amargo tormento; los muebles comienzan a caer uno por uno. Se acerca… paso a paso. El crujir de las viejas tablas que recubren el suelo me causan una ansiedad que noto cuando siento una fría gota de sudor recorrer toda la extensión mi espalda. Lo puedo percibir, se detuvo, sabe que estoy arriba.

Sus colosales extremidades se balancean por los pasillos en una marcha interminable de lentos y pesados pasos hacia mí. Son seis las campanadas que interrumpen la tensión del momento. ¡Está corriendo! Sus largos brazos golpean frenéticamente las paredes de la casa; la suave ventisca que recorría la habitación se ha vuelto más fuerte y ahora los oscuros cristales revelan grotescas sombras engendradas bajo la tenue luz de la luna, necesito ayuda… solo el antiguo puñal teñido en sangre de Nicolás me acompaña en mi soledad.

El ruido ha terminado, el espectro está bajo el umbral de las escaleras que dan hacia mi habitación… paso por paso sube lentamente y arranca la deteriorada pintura del muro con sus infernales garras. Un lejano llanto se percibe a la distancia, es mi querido hijo… quien solloza y se lamenta en el portón de Santo Domingo, aquel lugar que presenció el final de sus días y el nacimiento del monstruoso ser que ahora me persigue.

Siete campanadas dan el aviso de la medianoche, ha llegado la hora, él contempla silencioso mi alcoba y la puerta no lo detendrá; su venganza será implacable. ¡Es que no tuve opción!, era el único modo de deshacerme del horrendo ente que acompañaba a Nicolás desde su nacimiento, las doce puñaladas debieron haber enviado al monstruo de vuelta a su mundo. No… fue demasiado tarde, él devoró el alma de mi hijo y sació su hambre con su inocencia. Ahora estoy condenado y, en el ocaso de mi vida, he comprendido que mi retribución por aquel horrendo asesinato en la iglesia selló mi destino. El demonio está detrás de mí, respira en mi cuello. Me atrapa con sus enormes brazos ensangrentados y el significado de mi agónica existencia e imperdonables pecados se traduce en mi pluma, que traza mis últimas palabras antes de asumir mi condena: la muerte.

Detalles

Inicia:
6 diciembre, 2018 00:00
Finaliza:
31 diciembre, 2018 00:00
Categoría del Evento: