La hora más oscura o la mejor de Churchill.

Por Gonzalo Maldonado Albán.

Ilustración: Camilo Pazmiño.

Edición 452 – enero 2020.

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Es una escena menor pero reveladora, Winston Churchill busca afanosamente un libro. Arrastra los pies hacia uno de sus libreros. Resopla. Sus manos parecen tintinear nerviosamente. “¿Cuál es?”, pregunta, con ojos languidecidos. Necesita releer un discurso de Cicerón pero no recuerda su título. Es porque, a veces, el alcohol nubla su memoria.

El primer ministro de 1940 —encarnado por Gary Oldman— va tras la ayuda del gran orador romano porque quiere refutar a Anthony Eden, su ministro de Relaciones Exteriores. Eden ha criticado el discurso que Churchill piensa leer en el Parlamento. Le ha dicho que tenga cuidado con hacer creer a la opinión pública que están ganando la guerra. “¡Pero si yo quiero imbuir confianza a la población!”, replica Churchill con voz tonante.

La escena revela el rasgo más importante de este personaje: su imaginación histórica, es decir, su profunda conexión con eso que llamamos Antigüedad clásica, con las obras de Heródoto, Tucídides, Tito Livio y, por supuesto, de Marco Tulio Cicerón, a quien Churchill leyó con avidez desde joven.

En otra escena conmovedora de la película, ante un Parlamento desconsolado, apenas iluminado por una luz exangüe que entra, oblicua, por un ventanal lejano, el premier británico profiere: “Lucharemos en Francia, lucharemos en los mares y océanos, lucharemos en las playas, lucharemos en las pistas de aterrizaje, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas, ¡nunca nos rendiremos!”.

La repetición incesante de una sola frase es la marca indeleble que Cicerón deja sobre el canon estético de Churchill, y es, seguramente, uno de los dispositivos que le ha permitido resonar hasta ahora en la imaginación de quien lo lee o escucha. Pero el legado más importante que ha recibido de los pensadores clásicos es su visión trágica de la condición humana. Los estándares morales que el joven Winston aprendió de esos autores le permiten entender que Hitler es un asesino de la peor calaña, un monstruo como tantos otros que ha visto la historia narrada, en la Antigüedad, por Tucídides o Tito Livio.

Esa claridad moral le permite derrotar a Chamberlain y a la poderosa facción de británicos que apoyaban una política de apaciguamiento con la Alemania nazi. En otra escena famosa de la película, una que transcurre en el Cuarto de Guerra, Churchill espeta: “¡No se puede razonar con un tigre cuando tu cabeza está en sus fauces!”. Se dirigía precisamente a lord Chamberlain y a lord Halifax, para avergonzarlos por su cortedad de miras y su falta de coraje.

Churchill apela a una resistencia heroica como la que aprendió leyendo sobre la batalla de las Termópilas. Esas lecturas y esa conexión con el pasado clásico le permiten entender que la hora más oscura puede también convertirse en la mejor hora, si sabemos qué hacer.

Firma---G-Maldonado---0The Darkest Hour

• Dirigida por Joe Wright y protagonizada por Gary Oldman, quien obtuvo el Óscar, el Globo de Oro y el Bafta por su actuación.

• Fue considerada una de las mejores películas de 2017.

• El caos del Brexit hace añorar a un líder como Churchill.


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