La pirueta social del Circo du Soleil

La pirueta socialPor Gabriela Muñoz

Fotos Elder Bravo

Estaban los que lanzan fuego en las esquinas. Los que con una bola roja en la nariz y el rostro pintado mueven con sus manos seis pelotas a la vez. Estaban los que esperan que el color del semáforo cambie para hacer piruetas, bailar break dance, jugar con pedazos de madera, lanzar cuchillos, caminar sobre una cuerda.

Estaban los que al final sonríen y estiran la mano a la señorita de uñas impecables y traje formal que habla por celular, al taxista que mira impaciente por el retrovisor la fila de carros, al ama de casa que sale del gimnasio, al funcionario público, al chico universitario que escucha a todo volumen la música y los ignora.

Cada uno tuvo menos de 10 minutos para demostrar lo que sabe en las afueras del Centro Cultural Itchimbía. Sentado en el piso, con las piernas encogidas, Emmanuel Cyrk los observa y anota todo. Filma con la cámara de su celular las presentaciones. Califica sobre cuatro cada parte: la técnica, la creatividad y la presencia escénica.

Junto con él, una veintena de chicos vestidos con camisetas y mallas desgastadas aplaude, ríe, conversa y espera su turno. Miran a Cyrk.

A Emmanuel Cyrk le gusta que le digan Manu. Tiene 36 años, el pelo blanco recogido en un moño, brazos musculosos, abdomen plano, manos ásperas y codos remellados. Es experto en hacer acrobacias. Vivió en Irlanda, Inglaterra, España, Suiza, Brasil y Canadá, enseñando a chicos pobres las artes circenses y actuando en la calle.

El Circo du Soleil, la compañía canadiense que presenta espectáculos exquisitos, con acróbatas, payasos y bailarines que se mueven de forma sincronizada y perfecta, le encargó que seleccionara en el Ecuador a los mejores artistas callejeros para que fueran los voluntarios del Circo Social.

El proyecto es una iniciativa de la Vicepresidencia de la República y de la compañía creada en 1980. La empresa tiene 4 000 empleados en más de 40 países, con 22 espectáculos exhibidos en 250 ciudades del mundo. Los ingresos anuales superan los 800 millones de dólares.

Parte de las ganancias del Circo du Soleil se destina a conformar los circos sociales para ayudar a niños y jóvenes que tienen problemas. Ellos serán capacitados por los voluntarios.

En el Ecuador, habrá circos en Quito, Guayaquil, Cuenca y Tena.

“Que veeeeenga Mario Saaaanchez”, anuncia Matías Belmar, un artista ecuatoriano chileno que trabaja para la Fundación Círculo. Aplausos. Se escucha el mambo Arroz con palito. Sale un joven pequeño y de piel morena. Usa peluca azabache. Empieza a mover dos tiras de madera de un lado a otro. Sonríe. Guiña el ojo a Manu. “Este es un lanzado”, dice José Ramos. Manu lo califica. 3 en técnica, 2,5 en creatividad y 2 en presencia escénica.

El siguiente es Jorge Narváez. Baila break dance. Gira como un trompo en el suelo. Lo hace de cabeza. Manu lo filma y anota en el cuaderno: técnica 4, creatividad 2 y presencia escénica, 2.

Pablo Toapanta baila capoeira y usa una silla. “Es interesante que use una silla pero su vestimenta es simple. Sale con camiseta y un pantalón de pijama. Mal. 1 en presencia escénica”, susurra Manu.

Es miércoles. Hace frío en el Itchimbía. Manu ha filmado a 19 aspirantes.

El último es Adrián Martínez. Sale con el torso desnudo. Coloca una olla con agua. Suena música instrumental. Simula que sale de la olla con las clavas. Empieza a lanzarlas. Se caen. Vuelve a recogerlas. “Uuuuuuh”, se escucha. Nuevamente, a lanzarlas. Las agarra bien. Luego se dirige a la olla y arroja el agua. Saca unas bolas de cristal y se recuesta en el piso.

Manu lo mira atentamente. Calificación perfecta: 4, 4, 4. Se terminó el segundo día de audición.

En el restaurante del Itchimbía, el representante del Circo du Soleil contempla la vista panorámica de Quito. La tarde es gris. Saca de su mochila unos lentes amarillos. “Ya ves, ahora está soleado”.

Se sienta y ordena pollo y un helado de vainilla con salsa de chocolate. Se ríe cuando cuenta su biografía. Empezó a los 17. Trabajaba en la calle haciendo malabares. Luego ingresó a la Escuela de Artes de Montreal. “Estudiar te permite conocer y crear. Para los formadores de Du Soleil, la creatividad es full importante. ¿Sabes por qué le puse 4, 4, 4 al chico de las clavas? Porque tiene creatividad. El que bailó break dance hace lo que miles hacen. Pero el otro no. A pesar de que no tiene formación, intenta presentar algo diferente. La técnica se perfecciona. La creatividad viene en tu chip”.

27 chicos fueron seleccionados. Luego de las audiciones, vienen las clases. En el Itchimbía hay una carpa de circo, colchonetas y un trapecio.

En el piso se hacen contorsiones. Se paran en una mano, hacen trampolines, aprenden a manejar el trapecio y a formar pirámides con brazos y piernas.

Manu tiene los hombros anchos y se mantiene firme sobre el trapecio por más de dos minutos. Mario Collaguazo lo mira. Su especialidad es el clown. Tiene 21 y desde los 15 trabaja en calles y plazas. Estuvo en Cali y Cochabamba haciendo teatro callejero.

Alejandra Larrea también intenta subir al trapecio. Manu le dice que se sujete con fuerza. Estudia danza, tiene 18 años y luce aretes en las cejas, labios y lengua.

Después, Manu corre con fuerza hacia Matías Belmar, quien lo impulsa para que gire en el aire. Mario y Alejandra se miran y lo intentan. “Esto es puro adrenalina”, dice Manu.

Tres horas de ejercicios. Las camisetas sudorosas están pegadas al cuerpo. Los seleccionados permanecen sobre el césped.

Manu explica que los ejercicios que les enseñó permiten a los chicos que se drogan y que trabajan en la calle confiar en el otro y desfogar la adrenalina. “En una favela de Brasil, los niños corrían sobre un puente. A un lado tenían el precipicio y en el otro, la autopista. Para hacer eso, consumían crack. Pero cuando empiezan a practicar el trampolín sienten esa adrenalina y se dan cuenta que no necesitan la droga. Lo mismo pasa cuando haces que se den la mano para formar la pirámide. Ellos aprenden a confiar en el otro para que el grupo no se caiga. Cuando terminen una presentación enséñenles a que se paren erguidos, altivos. Es lo que aprenden en el circo”.

Manu pasó cinco semanas en el Ecuador. Para este año año vendrá otro experto del Circo du Soleil. Hasta que el momento llegue, los voluntarios, bajo la supervisión de Matías, practican en la carpa del Itchimbía, en la casa, en presentaciones, en parques, plazas y en la calle, esperando que la luz del semáforo cambie para siempre.


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