Para Elisa

Por María Fernanda Ampuero

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“Pasamos demasiado tiempo enseñando a las niñas a preocuparse por lo que piensen de ellas los chicos. Y, sin embargo, al revés no lo hacemos. No enseñamos a los niños a preocuparse por caer bien. Pasamos demasiado tiempo diciéndoles a las niñas que no pueden ser rabiosas ni agresivas ni duras, lo cual ya es malo de por sí, pero es que luego nos damos la vuelta y nos dedicamos a elogiar o a justificar a los hombres por las mismas razones. El mundo entero está lleno de artículos de revistas y de libros que les dicen a las mujeres qué tienen que hacer, cómo tienen que ser y cómo no tienen que ser si quieren atraer o complacer a los hombres. Hay muchas menos guías para enseñar a los hombres a complacer a las mujeres”.

Chimanda Ngozi Adichie,

Todos deberíamos ser feministas.

 

Escribo esto en el día de tu cumpleaños, mi amor. Cumples los catorce años más espléndidos que he visto en mi vida: eres un astro, una gema, una fuerza de la naturaleza. Una mujer, carajo, como deberíamos ser todas. Mi niña, ¿tienes idea de cuánto me gustas? ¿Alcanzas a imaginarte lo mucho que admiro tu pensamiento, tu independencia, tu imaginación, la absoluta libertad de tus aspiraciones? ¿Sabes cuántas veces he pensado en dónde estaría yo hoy si a tu edad hubiera tenido tu fuerza, tu determinación, tu alegría, tu amor propio, esa certeza de que puedes hacer absolutamente cualquier cosa que te propongas? Dios mío, ¿quién eres tú? ¿De dónde saliste? ¿Cómo todos fuimos capaces de hacerte o de dejarte que te hagas de esa manera tan extraordinaria?

Dices que de mayor quieres que ser piloto de aviones y no dices más, ni quizás ni ojalá ni veremos, mucho menos si dios quiere. Dices que no te vas a casar antes de los treinta, si es que te casas alguna vez. Dices que nadie va a decidir por ti dónde estudias, dónde vives, con quién, cómo. Dices que ni mi hermano, tu padre, ni mi cuñada, tu madre, van a obligarte a nada porque no es la vida de ellos, sino la tuya. Dices eso y eres una maravillosa, inteligente y divertidísima niña a la que todo el mundo quiere tener cerca. Dices eso sin violencia, sin malcriadez, sin levantar el tono, sin irrespetar a nadie…

¡Cómo no voy a caer a tus pies de uñas pintadas de fucsia como la más devota de tus adoradoras!

Es que, ¿sabes?, generaciones y generaciones de mujeres han escrito textos cargados de dolor —hemos sido tanto tiempo tratadas como ciudadanas de segunda— y han luchado en las calles y han ido a dar a la cárcel y han sido despreciadas por intentar cambiar nuestras vidas, las de todas las que vendríamos después, por darnos una habitación propia, por devolvernos los espacios vedados para el segundo sexo, por deshacer el género y, de pronto, en mi familia, en mis narices, aparece una feminista feliz de catorce años: tú, una mujer libre, o sea, lo más hermoso que he visto en mi vida.

Mira que es difícil porque somos ecuatorianas, ya hemos hablado de esto tú y yo, y te dirán que una señorita hace esto y que una señorita no hace lo de acá, pero te veo tan entera, tan dueña de ti misma, tan serena (recuerdo cuando nos preguntabas sin ninguna vergüenza a mis amigas y a mí sobre la masturbación, el aborto, los métodos anticonceptivos, la decisión de tener o no tener hijos, el vivir solas) que no creo que ninguna mirada reprobatoria te haga perder pie. Estás hecha de una madera mejor que la de mi madre, mejor que la de tu madre y mejor que la mía: eres de la generación de mujeres que lo cambiarán todo.

¡Virginia, Simone, Judith, Kate, Germaine, lo hemos conseguido, chicas!

¡Feliz cumpleaños Elisa, feminista!

P. D.: Te quiero con todo mi corazón.


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